| 10/1/2004 12:00:00 AM

Reformas modelo 2004

¿Qué explicación puede haber para que un país invierta más en las pensiones de 1 millón de jubilados que en la educación y salud de más de 12 millones de niños?

Como ya es tradición, por esta época del año hacen curso en el Congreso de la República una reforma tributaria (la cuarta en dos años de este gobierno) y un acto legislativo de reforma pensional. Ambos buscan el ajuste de las cuentas fiscales del país. Ninguno de los dos proyectos trae nada diferente a lo que se ha presentado en los años anteriores. Lo único nuevo es que la situación fiscal está más deteriorada y ya no da espera. Si en esta oportunidad no se hace nada, las pensiones con cargo al Estado se irán comiendo cada año una proporción más alta de los recursos que deberían destinarse a proyectos de inversión social y desarrollo para Colombia.

El proyecto de reforma tributaria que presentó el gobierno busca ampliar la base de contribuyentes, mediante el establecimiento del IVA para los productos que hoy no están gravados, que son, básicamente, los alimentos. Como siempre que se hace una propuesta de este tipo, han aparecido múltiples opositores con el argumento de que el impuesto es regresivo y perjudica a los pobres. Esto no es verdad. Varios estudios muestran que en Colombia el IVA no es regresivo pues, como proporción del gasto total es más oneroso para los ricos que para los pobres. Lo que sí resulta incuestionablemente regresivo es privar al fisco de los recaudos de este tributo, con lo que se pierde la posibilidad de utilizar este dinero para mejorar la calidad de vida de los más pobres.

Si el criterio es la progresividad, no hay en Colombia un gasto más regresivo que el que hace el Estado en pensiones. A partir de 2005, las pensiones de 1 millón de colombianos le costarán al gobierno más que las transferencias a las regiones para educación y salud. Lo más grave es que, en buena parte de los casos, la pensión que recibe un jubilado no tiene relación con los aportes que hizo durante su vida laboral.

Para tratar de corregir este desfase, el gobierno en la reforma tributaria propone un impuesto a las pensiones, que se cobraría de manera similar al de los ingresos ordinarios, es decir, afectaría a las pensiones superiores a $2'300.000. Es una alternativa justa, pues las pensiones nunca han pagado impuestos y, lo más importante, este gravamen ayudaría a tapar el hueco fiscal que han abierto.

La reforma tributaria, cuyo valor asciende a $1,7 billones (0,6% del PIB), no es suficiente para cubrir el faltante. Se requiere que el Congreso apruebe el acto legislativo que modifica el actual esquema pensional. El proyecto plantea la eliminación de los regímenes especiales, suprime la mesada 14 y establece que ningún colombiano podrá jubilarse con cargo a los recursos del Estado con una pensión superior a 25 salarios mínimos.

La aprobación del acto legislativo es crucial, pues el problema de las pensiones es creciente. Si hoy las pensiones de 1 millón de jubilados valen $11 billones, en 8 años, cuando tengamos 2 millones, no habrá con qué pagarlas. Es hora de que los colombianos entendamos que no hay mejor inversión que la educación y que pongamos fin a tantas prebendas que solo favorecen a una minoría.
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