| 7/10/2014 6:00:00 AM

Locomotora varada

La drástica reducción en el presupuesto de Colciencias para el año 2015 es una pésima noticia en cuanto a la política de innovación del país.

El pasado 3 de julio, en vísperas del partido de la Selección Colombia contra Brasil, y cuando toda la atención se concentraba en la posible clasificación a las semifinales del Mundial, una noticia pasó casi inadvertida. Se anunció una reducción de $125.000 millones en el presupuesto de Colciencias para el año 2015, que será de $289.000 millones. El recorte de recursos es draconiano.

La decisión no ha tenido aún el debate que merece. ¿Será que la locomotora de la innovación, que apenas se movió en el primer mandato de Juan Manuel Santos, podría estar abocada a una parálisis en este segundo tiempo? ¿O, quizás, el Gobierno ha diseñado un enfoque diferente que incluye el marchitamiento de Colciencias, entidad que, de acuerdo con la Ley 1286, es el ente máximo del Estado colombiano en cuanto a ciencia, tecnología e innovación? No se sabe. La forma como se dio la noticia fue bastante escueta y el Departamento Nacional de Planeación no la ha explicado todavía. La directora de Colciencias, Paula Marcela Arias, anunció en su discurso ante la Convención Científica Colombiana, en Cartagena, que se había enterado de la decisión a través de un correo del Departamento Nacional de Planeación. El martes renunció a su cargo.

¿Cómo justifica el DNP esta decisión? El Gobierno ha argumentado de tiempo atrás que el dinero que Colombia dedica a ciencia, tecnología e innovación no se limita al que se asigna a través del presupuesto de Colciencias, sino que se debe sumar también el 10% de las regalías destinadas a ese rubro.

Sin embargo, la injerencia política en el destino de los recursos de regalías es muy fuerte, pues el control recae en los gobernadores y alcaldes, quienes dejan al gobierno central con poco margen de maniobra. El mecanismo colombiano de regalías para la innovación es de una complejidad laberíntica que lleva a que las decisiones más importantes sean tomadas por las gobernaciones y las alcaldías, que solo en casos excepcionales tienen capacidad técnica para hacer una asignación de recursos acertada. El espacio presupuestal para imprimir un direccionamiento central a la política de ciencia y tecnología, con criterios de nación y de largo plazo, pasa por el presupuesto de Colciencias.

La decisión parecería ir directamente en contra de lo que se necesita. De acuerdo con el Informe Nacional de Competitividad 2013-2014, del Consejo Privado de Competitividad, en Colombia la inversión en actividades de ciencia, tecnología e innovación (ACTI) y en investigación y desarrollo (I+D) no han crecido de manera significativa como porcentaje del PIB en la última década. La inversión en ACTI pasó de 0,35% en 2003 a 0,45% en 2012, mientras en América Latina creció a una tasa casi tres veces mayor. Entre tanto, la inversión en I+D pasó de 0,14% a 0,17% en el mismo periodo.

La situación de la innovación tecnológica en las empresas es particularmente débil. Según la encuesta de Desarrollo e Innovación Tecnológica del Dane, más de 60% de las empresas colombianas no hacen ninguna innovación. La tendencia viene en aumento, pues el porcentaje era de 56% hace pocos años.

El recorte presupuestal de Colciencias va en contra de las recomendaciones del informe de la Ocde sobre innovación. Ese documento señala la necesidad de intensificar esfuerzos en el fortalecimiento de las universidades de excelencia, dar mayor solidez a los institutos públicos de investigación en el desarrollo de tecnologías, y profundizar el trabajo conjunto entre universidad e industria para fortalecer el desarrollo de capacidades de investigación en el sector privado. Todos estos temas exigirían tener un Colciencias más fuerte y no más débil.

El informe de la Ocde también llamó la atención sobre la gran contradicción que presenta Colombia. Nuestro país tiene a Colciencias como entidad rectora del arreglo institucional sobre ciencia, tecnología e innovación, con rango ministerial –con lo cual tiene, en apariencia, un poder mucho mayor al que manejan entidades similares en otros países–. Al mismo tiempo, sin embargo, persisten una debilidad extrema y una volatilidad secular en la asignación de su presupuesto. Los gobiernos pasan, se hacen anuncios y se aprueban leyes, pero ningún Presidente ha tenido la voluntad política para fortalecer el presupuesto de Colciencias en forma decisiva.

Es necesario subrayar también que al sector privado le cabe una buena cuota de responsabilidad por estos resultados. Las entidades gremiales, siempre listas para ejercer toda su capacidad de presión para apoyar la entrega de subsidios directos a productores, nunca se mueven ante la debilidad de las políticas de ciencia, tecnología e innovación. Las decisiones cortoplacistas y miopes que toman los gobiernos sobre este tema obedecen en gran medida a las señales que les manda el sector privado. Otra sería la historia si las empresas hicieran protestas y paros cuando se recortan los recursos para la innovación, de la cual depende su supervivencia futura.

El Gobierno deberá dar una explicación completa sobre qué piensa hacer con la política de ciencia, tecnología e innovación. Anunciar locomotoras que no reciben combustible es una salida barata que va minando la poca fe que queda respecto al futuro de la ciencia y la tecnología en Colombia. Arrancar el segundo mandato de la administración Santos con esta noticia no augura cosas buenas para la competitividad.
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