| 3/1/1997 12:00:00 AM

Récord insuperable

"Todo aquel que se compromete con Samper sale chamuscado, incluyendo sus financiadores.

Segunda descertificación de Estados Unidos. La frontera con Venezuela prendida. Nicaragua empeñada en hacer valer unos supuestos derechos territoriales sobre San Andrés. Ecuador impidiéndole a los transportadores colombianos pasar la frontera. Italia reclamando por un crimen sin resolver (sí, Rosso José, sin resolver) de un nacional de ese país. La comunidad internacional indignada con la situación de derechos humanos en Colombia, que se cataloga como una de las peores del planeta. Decenas de extranjeros secuestrados (para no hablar de los cientos de colombianos) que pagan rescates en un negocio en el que están comprometidos reconocidos políticos del país.



Para qué continuar. Nunca habíamos tenido un manejo tan desastroso de las relaciones exteriores. Es un récord sin precedentes. En el corto lapso de dos años y medio nos hemos convertido en un país paria con el mismo status de Birmania, Libia, Irak y Afganistán. La ingenua canciller merece una condecoración por sus esfuerzos para evitar la catástrofe. Serpa también, porque cada vez que habla borra con el codo la que la canciller ha hecho con la mano (al ministro del Interior le interesa un rábano el exterior). Y por encima de los demás, el señor Samper. El mismo que fue a conseguir visa en Espinal, Tolima, aunque se dice que ni siquiera ahí se la dieron.



Ni el señor Samper ni Serpa sufrirán las consecuencias de sus desastrosas actuaciones. Pero para el resto de los colombianos pertenecer a la comunidad de los parias internacionales es una distinción costosa, problemática y verdaderamente indigna. Tardará el país décadas en recobrar su posición en el concierto de naciones civilizadas, si es que lo hace.



A Samper, a Serpa y a sus secuaces, en cambio, la situación ni siquiera les afecta el bolsillo. Ellos siempre han pertenecido a esa clase social parásita que vive de los demás. Ellos siempre han vivido de los puestos y contratos públicos. A ellos los juzgan sus pares. Les importa un comino lo que le suceda al resto de los colombianos. La grandeza de reconocer errores y de sacrificarse por el bien de los demás es algo completamente desconocido en su mentalidad. Están obsesionados con el usufructo del pequeño y corrupto poder como fin último. Y hasta la madrugada ya cuando no quedan invitados en la fiesta.
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