Razón, Democracia y Grandeza

| 5/26/2000 12:00:00 AM

Razón, Democracia y Grandeza

Si las crisis son oportunidades para el cambio, todo parecería indicar que estamos próximos a la mayor oportunidad de cambio que haya tenido la sociedad colombiana en mucho tiempo. Ello, que resulta cierto en el campo político, también es aplicable a las esferas económica y social. La oportunidad de cambio parece estar encubierta por la enorme confusión entre los líderes de opinión y las pesimistas expectativas de los líderes sociales y empresariales.

Nadie duda de que en la encrucijada actual confluyen muchos problemas para muchos colombianos. Que hay desempleo, pobreza y desplazamiento. Que hay secuestros, inestabilidad, quiebras. Mucha corrupción. Que hay mucha inseguridad para todos y muy poca libertad. Los problemas son muchos y se han venido todos al tiempo. También es evidente que hay perplejidad y desconcierto. En las encuestas a la población resulta cada vez más cierto, cualquiera que sea la pregunta, que la respuesta es casi siempre la misma: 40-45% está de acuerdo, 40-45% desacuerdo y 10-20% que no sabe o no responde. Y el gobierno y los dirigentes políticos se guían a menudo por estas encuestas. Ante tantos problemas y tantas ambiciones, predominan aún formas colectivas de pensar y actuar sobre los problemas que no generan soluciones. Ante la urgencia de tantos y tantos problemas, la sociedad se bloquea. Cuando podría avecinarse una crisis de proporciones, el mayor peligro es precisamente el bloqueo de la capacidad colectiva de decidir.



Es en estos momentos cuando provoca consultar a los historiadores y a los filósofos.

Cuando a Amartya Sen, el gran filósofo y economista social hindú los editores del apasionante libro Predictions: 30 great minds on the future (se consigue traducido al español) le pidieron predecir lo que vendrá para la humanidad en el nuevo siglo, estableció una lista breve: mayor democracia y buen uso de la razón en las discusiones sociales.



El progreso se logrará solo extendiendo y consolidando la democracia para ejercer la libertad de los individuos y las comunidades que, según la nueva visión radical, es la esencia misma de un desarrollo incluyente. También evitando la creencia arrogante sobre la superioridad de un modo muy estrecho de pensar, basado en la fe o la ideología por encima de la razón y el diálogo. El buen uso de la razón y la democracia, dice Sen, puede contribuir a consolidar tanto la razón como la democracia.



Este par de preceptos parecen particularmente relevantes para encarar el bloqueo de la sociedad colombiana para enfrentar sus difíciles problemas. Un bloqueo en el que los intereses, las ambiciones o las vanidades particulares bloquean el interés colectivo. En el que las pequeñas rencillas y la pugnacidad siempre se magnifican para bloquear la representación, la participación y la razón de las mayorías.



El país no puede continuar presa de los pequeños círculos ni de las disputas personalistas ni de las imposiciones a la fuerza ni de los planes inconclusos ni de las pasiones inconducentes. Ni del gobierno, de la oposición o de la sociedad civil, improvisaciones, miopías y pequeñeces que nos bloquean los acuerdos para las posibles salidas.



Los colombianos requerimos posibilidades y libertades para construir nuestro futuro. Necesitamos espacio y capacidad de pensar en grande y acordar prioridades. Necesitamos razón, democracia y grandeza. Para hacer de tantas dificultades no una tragedia, sino una gran oportunidad de cambio y progreso social.
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