¿Quién quiere ser Presidente?

| 4/19/2002 12:00:00 AM

¿Quién quiere ser Presidente?

La combinación de terrorismo, narcotráfico, bajo crecimiento económico, alto endeudamiento y, para rematar, los problemas de todo tipo en la vecina Venezuela hacen que el actual sea un momento históricamente difícil para Colombia. Aun así, las campañas presidenciales avanzan y los candidatos se la juegan por el país, arriesgando incluso su propia vida. Esta actitud resuelta es algo que debemos admirar y respetar. El Presidente que resulte elegido merece que todos los colombianos nos unamos para sacar este país adelante. Por esto, en el momento de elegir hay que hacerlo con plena conciencia y pensando muy bien en cuál es el candidato que ofrece las mejores garantías para hacerles frente a todos los problemas que tiene Colombia.



Dinero realizó un recorrido por cada una de las campañas y tuvo la oportunidad de conocer de cerca los programas económicos de los aspirantes a la Presidencia. Este ejercicio arroja resultados muy interesantes y permite ver el enorme reto que enfrentará el nuevo Presidente, quien deberá sacar adelante su programa de gobierno en medio de extraordinarias restricciones fiscales. Independientemente de las inclinaciones ideológicas de los candidatos, las cuales van desde la ortodoxia hasta la heterodoxia extrema, el margen de maniobra que hay para ejecutar un programa de gobierno estará determinado por la capacidad del Presidente electo para restablecer la confianza en el país y reorientar las finanzas públicas hacia un verdadero ajuste.



Por supuesto, siempre hay otras opciones. Sin embargo, hacer caso omiso a las exigencias de los mercados internacionales sobre el país implicaría perder el control de la economía. O Colombia ajusta sus cuentas fiscales, o los mercados externos se las ajustan, con el costo de una devaluación masiva de la moneda. Algunos podrán argumentar que la devaluación del peso es lo que se necesita para ajustar los desequilibrios externos y devolverles la competitividad a los productos colombianos en el exterior. El problema está en la forma de llegar a esa devaluación. Si ella se logra declarando la moratoria de la deuda externa o eludiendo las reformas fiscales, por considerarlas una imposición externa que no consulta las necesidades de los colombianos, la devaluación implicaría un choque recesivo. La medicina resultaría peor que la enfermedad. Para entender lo que esto significa, basta mirar qué pasó en Argentina. El costo social y económico que ha tenido que asumir ese país por no haber hecho la tarea es hoy mucho más alto de lo que hubiera sido de haber actuado a tiempo.



En esto no hay que equivocarse. La capacidad que tiene un país para actuar al margen de la comunidad internacional es nula. Esto es doblemente cierto en el caso de Colombia, que reclama a gritos la cooperación del mundo.



Más allá de los discursos de campaña, el candidato que resulte elegido deberá utilizar todo el capital político con que llega a la Presidencia para actuar rápidamente en la solución de los desequilibrios fiscales y recuperar la confianza de los inversionistas en Colombia. Es la única forma de garantizar un país económicamente viable hacia el futuro, donde el sector privado tenga el espacio para cumplir la misión que le corresponde como generador de riqueza y empleo.
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