| 10/30/1998 12:00:00 AM

¿Privatizar el "crunch"?

Parece que todo lo que importa hoy es la contabilidad fiscal. El gobierno ha puesto en marcha un ajuste fiscal extraño. Y el abultado presupuesto de 1999 fue aprobado con más gasto. Consideramos que para el 99 las medidas propuestas no reducirán ni el escandaloso nivel de gasto público ni el enorme déficit fiscal del gobierno central.



El Ministro de Hacienda se ha esforzado por movilizar recursos multilaterales, endeudamiento interno y nuevos impuestos, dineros que no resolverán el problema fiscal pero sí agravarán la situación de las empresas.



Para mantener el gasto público se aumentarán las tasas de tributación empresarial, las más altas de América Latina; para que el gobierno financie sus faltantes de tesorería, las empresas tendrán bloqueado su acceso al mercado financiero; y para permitirle al gobierno monopolizar los escasos recursos internacionales, los empresarios enfrentarán la mayor restricción financiera externa en décadas.



Se ha perdido de vista que la actual estrategia macro conduce simplemente a privatizar el "crunch financiero" durante 1999. El déficit fiscal demandará más de los escasos recursos financieros. Con la política cambiaria anunciada, las restricciones de liquidez conducirán, sin duda, a un colapso del crédito para empresas y hogares. Por mirar los efectos de la crisis internacional sobre el financiamiento público, pocos han visto que la verdadera crisis de financiamiento externo será para el sector privado. ¿Sin recursos internos ni externos, quién podrá producir, invertir y crear empleo?



Ya es tiempo de que el gobierno mire más allá de sus narices. Un ajuste fiscal no es sólo una reforma tributaria. Y una reforma tributaria no es exclusivamente más impuestos.



El capital político dado por cerca de 6,5 millones de votos hay que gastarlo bien. Si éste es el gobierno del cambio, debe comprometerse a una reducción sustancial del gasto público desde comienzos del 99 y a proponer los correctivos legales para que tal reducción sea permanente.



Con menos gasto, la reforma tributaria debe concentrarse en estimular el ahorro, la inversión y el empleo. Con menor presión fiscal se sentarán las bases, además, para el salto cambiario que reducirán las tasas de interés y recuperará la economía.



Antes que avanzar en privatizar el "crunch financiero", socializar los costos del salvamento de entidades financieras y abrir crecientes compuertas a la protección y a la restricción de importaciones, el gobierno debería cambiar radicalmente la orientación de política macroeconómica. Sin esto no habrá ni paz ni empleo.
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