| 10/30/2014 6:00:00 AM

La Saignée

La Saignée es un término francés que data de 1130 y que ocupó un lugar destacado en las prácticas terapéuticas conocidas desde la antigüedad y se traduce al castellano como Sangría o Sangrado.

Este tratamiento médico consistía en extraer sangre de una vena periférica del paciente para el tratamiento de dolencias, aunque solo hasta el siglo XIX se demostró su ineficacia en la gran mayoría de los casos. A pesar de los riesgos y de carecer casi siempre de efecto curativo, la práctica tuvo su apogeo en los siglos XVI al XVIII.

Su origen médico se remonta a la Teoría de los Humores de Hipócrates. De acuerdo con esta, el cuerpo se compone de cuatro elementos: aire, fuego, agua y tierra, con cualidades mutuamente antagónicas –calor o frío, húmedo o seco– que deben coexistir en equilibrio, de modo que la persona permanezca sana. Cualquier pequeño desbalance conducíria a "cambios de humor" y amenazaría la salud del paciente. Cuando alguien presentaba altos niveles de fiebre, se le aplicaba el sangrado para bajar la temperatura. A la postre, esta medida terminaba por debilitar aún más al paciente.

De la misma manera como el gran escritor y comediante francés del siglo XVII, Jean-Baptiste Poquelin, Molière, le dedicó su última obra, El Enfermo Imaginario, a satirizar esa nociva práctica que enfermaba más de lo que curaba, muchos economistas de origen keynesiano piensan que “no hay virtud en los presupuestos balanceados” y creen que en los tiempos de auge, cuando los superávits aumentan de manera automática, la política fiscal debe ser más contraccionista para aumentarlos. Así mismo, en tiempos de recesión o de una prospectiva desaceleración, la política fiscal debe incrementar los déficits por encima de los estabilizadores automáticos causados por el ciclo económico.

Estos estabilizadores son llamados automáticos dado que el recaudo de impuestos se reduce –en una desaceleración– y se aumenta el déficit. Obviamente, la condición fundamental es que los déficits se puedan financiar. Si la financiación está cerrada, es necesario subir la tasa de impuestos, crear nuevos o realizar recortes presupuestales para reestablecer el balance presupuestal, tal y como se intentó en Colombia en 1999.

Si existe financiación, la deuda pública se incrementa, el consumo privado aumenta y posiblemente también la inversión privada, generando así un multiplicador económico positivo. Si la política fiscal es suficientemente expansiva y financiable, esta puede llegar a evitar los efectos de una desaceleración y de un aumento en el desempleo. Una expansión fiscal “discrecional, creíble y transitoria” puede aumentar el crecimiento y evitar “la paradoja del ahorro” descrita por Keynes y que consiste en que los hogares y las compañías ahorran más en una recesión, previendo un mayor desempleo o momentos de crisis1.

Esto es especialmente relevante cuando la probabilidad de una caída en el crecimiento colombiano gana cada vez más fuerza, dado el deterioro en las expectativas económicas futuras en términos del precio del petróleo y demás materias primas, la crisis europea, la desaceleración china y la posibilidad de que el Banco Federal de Reserva de Estados Unidos levante su estímulo monetario.

Enfrentados ante un posible escenario de este tipo –cada vez más probable, como lo han señalado analistas de la talla de Carlos Caballero Argáez y Guillermo Perry– es necesario que el gobierno nacional revise muy cautelosamente los efectos de la muy probable caída en la demanda internacional que desaceleraría nuestra economía.

Este prospecto debería ponernos a pensar si, en vez de aumentar los impuestos y ahorcar al sector privado, una política fiscal forward looking –o sea, que mire hacia el futuro– debería incluir, además de los ajustes automáticos que lleva la regla fiscal, una política fiscal discrecional expansiva que le inyecte recursos a la economía y al sector privado, fortaleciéndolos así para los años venideros y estimulando el crecimiento. Esto es posible ya que, a diferencia del periodo 1998-2000, el financiamiento es abundante y barato.

Subir o crear nuevos impuestos para cumplir con las metas de la regla fiscal puede de pronto, como el 'sangrado' que se practicó durante tantos siglos para equilibrar los humores del organismo, debilitar la economía y la demanda interna durante el año entrante, cuando más se necesita.
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