| 4/9/1999 12:00:00 AM

Por una política social

Enfrascado como está en la discusión de las políticas de paz y reactivación económica, el país no ha tenido tiempo para examinar la política social del gobierno.



El Plan de Desarrollo identifica el pobre desempeño económico y el conflicto social como los principales problemas de Colombia. Para resolver el segundo, propone aumentar la cohesión y la confianza de la gente, con el fin de fortalecer el tejido o capital social. Sin embargo, el Plan no precisa el alcance instrumental del capital social, que diluye en paz, descentralización, participación comunitaria, capital humano y equidad de género. Tampoco concreta una política social moderna que promueva la vida, el acceso al empleo, a los bienes básicos, a los activos esenciales y a la protección social para que los colombianos vivan, gocen y produzcan mucho.



Que los dejen vivir y que les permitan tener empleo son los dos clamores de la mayoría de los colombianos. Al concentrar la atención en el conflicto armado y el narcotráfico se ha descuidado una estrategia de convivencia ciudadana para reducir el crimen común y los homicidios de todos los días. La percepción de inseguridad en las encuestas sigue en ascenso.



El gobierno evita plantear una política seria de empleo, creyéndola innecesaria si la economía se recupera. La reducción significativa del desempleo, sin embargo, no está asegurada sin un viraje contundente en la estrategia de reactivación, que se complemente con una activa política de empleo para reducir los costos laborales, incrementar los estímulos y la flexibilidad en la contratación de trabajadores y aumentar, con mejor educación y capacitación, la empleabilidad de los colombianos. La política pública descuida seriamente la seguridad y empleo de la mayoría.



El Plan plantea alegremente la universalización de la salud, la nutrición y la educación. Pero se queda corto en su financiamiento y, sobre todo, en las reformas de organización industrial que harían posible entregar estos servicios con menores costos, mayor calidad y mayor satisfacción. En educación, el país nunca había tenido planteamientos más gaseosos y con menor ambición de cambio. En salud, nunca tanta ambigüedad sobre el desarrollo, consolidación o replantamiento de las reformas en marcha.



El Plan menosprecia el acceso a activos productivos para la población como componente definitivo de una política social moderna. Ni una moderna reforma agraria ni mecanismos para ampliar el acceso a la propiedad accionaria de empresas públicas y privadas, mediante el mercado de capitales.



Más importante, el Plan carece de una política de protección social ante la crisis y el ajuste económico, que mitigue su impacto sobre la pobreza y la inseguridad económica de los grupos vulnerables.



Con inseguridad en el empleo, la educación, la salud y la vida, sin acceso a activos productivos y sin protección social ante la crisis, ¿disminuirá el conflicto social y se fortalecerá el desempeño económico?
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