Por el empleo

| 4/4/2003 12:00:00 AM

Por el empleo

El 1 de abril entró en vigencia la nueva ley laboral, mediante la cual se flexibilizó el contrato laboral en Colombia. Si bien ha sido duramente criticada por las centrales obreras con el argumento de que va en contra del trabajador, al reducir los ingresos que este recibía por horas extras y por el trabajo en domingos y festivos, la ley es un avance en el buen sentido.

Si la reforma tiene un problema, es que no avanzó lo suficiente. Apenas afectó dos elementos dentro de la larga lista de contribuciones y sobrecostos que un empleador tiene que pagar en Colombia por cada puesto de trabajo generado, los cuales equivalen a casi el 50% del salario. La reforma redujo los costos asociados a las horas extras y también limitó las indemnizaciones por despido, pero quedó intacta la mayor parte de la lista, que incluye las contribuciones a las cajas de compensación y el Sena. Para reducir la tasa de desempleo a niveles considerados aceptables es preciso avanzar más.

El tema cobra aún mayor relevancia si se tiene en cuenta que en este país tan solo el 19% de la población económicamente activa tiene un contrato de trabajo formal a término indefinido. El resto de los colombianos que se las arreglan para trabajar se ve obligado a emplearse bajo cualquier tipo de condiciones.

Los demás, simplemente, no consiguen trabajo. Los resultados de desempleo que acaba de anunciar el DANE para febrero están lejos de ser alentadores. Una tasa de desempleo de 16,5% en todo el país y de 17,6% en las 13 ciudades principales con sus áreas metropolitanas es muy alta, más aún cuando las tasas de subempleo se ubican en 28,6% y 30,6%, respectivamente. Investigaciones recientes señalan, además, que la tasa natural de desempleo en el país ha aumentado, puesto que la crisis llevó a las empresas a incrementar sus niveles de productividad y eficiencia. El desempleo no solo es alto históricamente, sino que cada vez es más resistente a bajar.

Como vamos, no vamos bien. La generación de empleo no solo es una necesidad, sino una obligación. Con este nivel de desempleo es muy difícil que el país prospere. La capacidad de compra de los colombianos está minada y los recursos de las familias, tanto humanos como físicos, se están utilizando para la supervivencia.

¿Dónde está la solución? La sociedad colombiana tiene que entender que no se obtiene ningún resultado cuando las propuestas para resolver el problema del empleo y los ingresos pasan por generar mayor inflación. Los incrementos en salarios que no atienden a consideraciones de productividad y los incrementos en gasto público sin respaldo en ingresos son apenas espejismos. Al final, la inflación termina devorando las ganancias aparentes que se logran en un momento inicial.

La creación de nuevos puestos de trabajo tiene que hacerse con una estrategia adecuada, para que sea verdaderamente perdurable en el tiempo.

Para esto se requiere que el gobierno y el sector privado trabajen de la mano. La inversión y el crecimiento económico son indispensables para que haya más empleo. Mientras la economía siga creciendo por debajo de la tasa de aumento de la población, difícilmente se generarán nuevos empleos. A su vez, para que haya crecimiento es indispensable que haya inversión. La clave, por tanto, está en el estímulo a la inversión privada y especialmente en el respeto a las reglas del juego.

Colombia tiene que convertirse en un país atractivo para la inversión privada, que es finalmente la que produce crecimiento. En esto no hay que equivocarse. La inversión en bonos de deuda externa del gobierno colombiano por parte de los inversionistas extranjeros es bienvenida, por supuesto, pero en ningún momento estos recursos se utilizan para generar crecimiento y más riqueza, sino para atender el gasto del gobierno. Despertar la inversión tiene que ser un propósito prioritario del gobierno y del sector privado. Es la única salida.
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