| 9/3/2004 12:00:00 AM

Política vs. Economía

En lugar de dedicar todos los esfuerzos a los temas políticos de la reelección y el parlamentarismo, el presidente Uribe y el Congreso deberían ocuparse en la sostenibilidad de las finanzas públicas. El tema económico ya no da más espera.

Álvaro Uribe ha sido, sin duda, un gran presidente. Así lo demuestran no solamente las cifras de favorabilidad, que después de dos años se mantienen por encima del 80%, sino también el optimismo y la confianza con que los colombianos emprenden nuevos proyectos. Sin embargo, si Uribe quiere seguir siendo percibido como un gran presidente durante el resto de este mandato (para no hablar de una reelección), deberá dedicarle más atención al tema económico.

Es alarmante que, cuando estamos lejos de cambiar las tendencias de los problemas económicos que aquejan al país, la atención del presidente Uribe y del Congreso estén centradas en la reelección y ahora en el parlamentarismo. Hace más de un mes que se inició la legislatura del Congreso y el gobierno aún no ha presentado las reformas pensional y tributaria, que le ayudarán a aliviar el problema fiscal y garantizar la sostenibilidad de la deuda pública. Las finanzas del gobierno son críticas y el tiempo para las soluciones se está agotando.

La situación fiscal está en la raíz de otros problemas para los cuales los empresarios sí exigen soluciones inmediatas. La revaluación, que tiene tan exasperado a todo el mundo (incluyendo al propio Uribe), tiene una relación directa con el desequilibrio fiscal. El gobierno mismo, en su desesperación por financiarse, termina elevando los intereses de sus papeles de deuda pública y estimulando el ingreso de capitales, lo que presiona hacia abajo el precio del dólar.

Esto es particularmente grave cuando otros factores, sobre los cuales no es posible tener control, están actuando en el mismo sentido, incluyendo el aumento del valor de las exportaciones por cuenta de los precios más altos de los productos básicos; las mayores ventas a Venezuela y Ecuador, que disfrutan hoy de una mejoría de ingresos por los mayores precios del petróleo; y las remesas de los colombianos en el exterior. Todos estos ingresos de divisas alimentan las expectativas de revaluación. Si además tenemos un gobierno sediento de recursos de financiamiento, ¿cómo no va a ser atractivo para un inversionista invertir en Colombia en papeles del gobierno y obtener una rentabilidad en dólares entre 12% y 14%?

Este escenario no va a durar mucho. Quienes invierten hoy en TES lo hacen por razones especulativas (eso no es malo en sí mismo, pues la especulación es siempre la que mueve los mercados). Son grandes jugadores con capacidad de entrar y salir fácilmente. Si perdieran la confianza en el país, podrían liquidar toda su inversión en un solo día.

Esta es la gran paradoja de la economía colombiana y la que parecen no entender ni los políticos ni el presidente Uribe. La desesperación por la revaluación y el exceso de dólares que tenemos hoy puede revertirse muy rápidamente y llegar a extremos. Sin reformas fiscales, la confianza no sobrevivirá y sin confianza no habrá dólares que entren al país, así se ofrezcan altas tasas de interés.

La política es importante, pero un buen político no puede descuidar la economía. La única forma de garantizar la estabilidad y reducir la vulnerabilidad ante los fenómenos externos es con una economía en equilibrio y unas cuentas fiscales sanas. Esta debe ser la prioridad del gobierno y el Congreso, pues no pueden seguir perdiendo tiempo. Sería difícil imaginar un escenario más delicado que tener una crisis de confianza en la economía colombiana justo cuando se acerque el momento de entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos.
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