| 10/30/2013 6:00:00 PM

El fin del circo

El duro revés del kirchnerismo en las elecciones argentinas, las embarradas de Maduro en Venezuela y los desaciertos de Petro ponen en evidencia la pésima gerencia de los gobiernos populistas en América Latina.

No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. La falta de resultados de los gobiernos de izquierda latinoamericanos comienza a pasar la cuenta de cobro a sus mandatarios. En Argentina, Cristina Fernández acaba de sufrir un duro traspiés en las urnas, perdiendo las legislativas en los cinco grandes bastiones kirchneristas: Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Santa Fe y Capital Federal. Una estrepitosa derrota que, junto a una débil aceptación de 28% en las encuestas, parece señalar el comienzo del final de su mandato, marcado por una avalancha de problemas económicos y fiscales.

En Venezuela, Maduro la tiene cuesta arriba. Seis meses después de haber ganado las elecciones, nadie entiende todavía hacia dónde quiere llevar al país. La economía está en su peor momento: la inflación en 49% –un nivel que no se veía en ningún país latinoamericano desde los años noventa–, el déficit fiscal es de 10% del PIB y la descomunal escasez de alimentos y productos de la canasta básica enerva incluso a los más fervientes chavistas. El dólar en el mercado negro se cotiza a siete veces la tasa de cambio oficial, antesala de otra megadevaluación del humillado bolívar.

En Colombia, el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, está ad portas de una eventual destitución del cargo. Están en marcha la revocatoria popular de su mandato y también la investigación disciplinaria de la Procuraduría por el improvisado esquema de recolección de basuras. Cualquiera de los dos procesos podría terminar en la destitución del burgomaestre, un duro golpe para la izquierda justo ahora que se discuten las garantías políticas para la guerrilla en el proceso de paz en la Habana.

¿Qué tienen en común Cristina Fernández, Nicolás Maduro y Gustavo Petro? Son paranoicos, coléricos, extremistas y a veces incendiarios. Pero nada de eso es realmente grave. Lo preocupante es que son erráticos, inseguros y se mueven a partir de un enorme sentido de la improvisación y la chambonería.

Cristina Fernández, por ejemplo, ha sido un desastre en el manejo económico. Con una inflación rampante de 25%, está destrozando los ahorros de los argentinos y ahuyentando la inversión extranjera. Los controles de cambios solo han empeorado el problema, lo que ha abierto una enorme brecha entre el cambio oficial y el del mercado negro. Las costosas importaciones de energía están acabando con las reservas internacionales, que hoy están en los US$35.000 millones, el nivel más bajo en los últimos seis años. Ni hablar de las embarradas en materia política, como el refrito de la guerra de las Malvinas y la cruzada en contra de medios y organismos de justicia.

La gestión de Maduro no ha sido menos desafortunada. En el último mes botó a su ministro de Economía, Nelson Merentes –el único que estaba a favor de una devaluación del bolívar– y le pidió a la Asamblea Nacional nuevos poderes para gobernar por decreto. Sin embargo, ni lleno de súper poderes Maduro puede acabar con lo que él mismo ha cosechado: apagones, alto costo de vida y desabastecimiento en los supermercados. Son problemas estructurales que no se resuelven con la simple expedición de una medida.

En Bogotá, los desatinos del alcalde Petro van mucho más allá de la forma improvisada en la que implementó el nuevo esquema de aseo. A dos años de haberse posesionado, aún no logra consolidar un equipo de gobierno y más de 25 de sus funcionarios en los primeros niveles del gobierno distrital lo han dejado. Adoptar el POT por decreto evidenció su falta de gobernabilidad en el Concejo, así como su indecisión en materia de nuevas construcciones y suministros de agua.

Grave error fue subsidiar las tarifas de Transmilenio con los recursos del fondo de estabilización, cuyo espíritu inicial era servir de colchón para las épocas de vacas flacas. Esa improvisada decisión tiene hoy tambaleando las finanzas del sistema Transmilenio, al punto que el mismo Alcalde está contemplando la posibilidad de reversar estos subsidios. ¿Delirios de grandeza? ¿Falta de buenos asesores? ¿Simple incompetencia?

Lo cierto es que los gobiernos populistas de América Latina parecen tener hoy los días contados. Ni Cristina se elegirá por tercera vez en 2015, ni Maduro durará lo que Chávez, ni Petro acabará sus cuatros años.

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