| 3/26/1999 12:00:00 AM

Para salir: macro, estímulos y liderazgo

Al comenzar el año, la industria cayó 13% y las exportaciones cayeron 18%. En los doce meses que terminan el próximo junio, el PIB habrá caído 4%. Tenemos, en serio, más que una recesión.



El gobierno pasado fue irresponsable y la situación internacional es muy desfavorable. Pero ello no explica la profundidad y velocidad de la contracción económica. La política del actual gobierno es también responsable. La persistencia de enormes déficits fiscal y externo, y de tasas de cambio y de interés incompatibles con exportar e invertir sólo prolongan la recesión, que se acentúa con más y más impuestos. Las pérdidas de ingreso y empleo durante el 99 lo confirman.



A pesar de la historia y las adversas condiciones internacionales, el país puede superar esta crisis. Si las autoridades aceleraran el descenso de los intereses del crédito hasta tasas reales del 4 ó 5%. Si el Banco de la República no se asusta con las inevitables presiones sobre la tasa de cambio y propicia una devaluación real de al menos 20 puntos, aumentando o desplazando la pendiente, ampliando o desapareciendo la banda cambiaria. Si el Ministro de Hacienda se preocupa menos por el déficit fiscal y más por reducir el gasto público y los impuestos a la inversión y el empleo. Si se reduce el gasto en $1 billón, los impuestos empresariales en 10 puntos y los impuestos a la nómina en 5 puntos. Si se le hace caso a la iniciativa de Armando Montenegro de posponer el recaudo de los bonos de paz hasta que la guerrilla muestre su voluntad de negociación.



Para recuperar la economía y el ánimo empresarial se requiere, además de buena macroeconomía, estímulos empresariales sensatos y, sobre todo, liderazgo eficaz.



Hay que facilitar y estimular la superación de deudas y la capitalización de las empresas. El gobierno no puede dejarse maniatar de la Corte para proteger a los ahorradores y debe acelerar la intervención de entidades financieras antes de que sea muy tarde y mucho más costoso. Para crear muchos empleos, debe ser generoso fiscalmente con las nuevas empresas y flexibilizar las regulaciones laborales. Más valen estímulos fiscales bien orientados que la actual obsesión alcabalera.



También se requiere un nuevo estilo de manejo. Qué bueno sería que el Presidente tomara las riendas, para coordinar tanta rueda suelta en su gobierno. Qué bueno unos ministros que hablen la mitad, se metan en la tercera parte de problemas y anuncien menos de una cuarta parte de cambios en políticas. Cuánto mejor sería que el equipo económico concrete y lleve a cabo más rápido mejores y más coherentes políticas. El liderazgo, coordinación, oportunidad y eficacia de las autoridades es más importante que nunca.



No podemos sorprendernos más con los pobres resultados de una pobre política económica de un equipo disperso y sin Presidente a bordo. No podemos resignarnos al crecimiento del desempleo, a las quiebras y al desánimo empresarial. Ni podemos seguir todos pensando en cómo salvar el propio pellejo contemplando cómo se deprime el país.
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