Para preservar el ahorro

| 9/6/2002 12:00:00 AM

Para preservar el ahorro

En el descalabro de los títulos de Tesorería TES, les cabe responsabilidad a algunos corredores de bolsa y fiduciarias, a las grandes entidades financieras y al gobierno. Sus errores y omisiones no solo han puesto en peligro la viabilidad del financiamiento de la deuda pública, sino también la solidez de los fondos de inversión y de valores, vehículos de ahorro que el país ha construido con base en un esfuerzo gigantesco. Estos fondos, cuyo origen se remonta a la ley 45 de 1990, ganaron en poco tiempo la confianza del público, un activo de incalculable valor.



En efecto, la imprudencia de algunos operadores al excederse en sus posiciones de TES, a conciencia de su escasa capacidad para responder en un evento negativo, puso en peligro a todos los fondos, los comisionistas y las fiduciarias.



Sin embargo, la magnitud del problema habría sido muy inferior si los grandes bancos no hubieran tenido una exposición tan amplia en TES. Dada la falta de papeles privados para invertir, y en vista de la altísima rentabilidad de los papeles oficiales, los bancos adquirieron enormes cantidades de TES. Las utilidades que lograron en el primer semestre se debieron fundamentalmente a la rentabilidad de estos títulos.



La complacencia con esa excelente rentabilidad impidió que los banqueros se hicieran la pregunta lógica: ¿cómo es posible que un papel con riesgo cero, como un TES, rente más que un CDT? La respuesta es que el riesgo de un TES no es cero y la situación no podía durar. Se olvidó, además, cualquier criterio de prudencia al permitir la concentración del portafolio en un solo tipo de inversión. Cuando unas entidades pequeñas finalmente entraron en dificultades al caer el precio de sus TES, los grandes bancos se dieron cuenta de que no podían brindar un piso firme al sistema, pues ellos mismos hacían parte del problema. Por este motivo, no cumplieron su responsabilidad, como hacedores de mercado de TES, de darles liquidez a estos papeles.



Finalmente, la responsabilidad última la tiene el gobierno, que se toma una porción creciente del ahorro financiero del país para financiar un déficit insostenible.



Lo importante ahora es recobrar la confianza de los inversionistas en los papeles del gobierno como instrumento de inversión y en los fondos como canal para el manejo de los ahorros. Lo primero solo se logrará una vez el gobierno presente un programa macroeconómico consistente, que garantice tasas de interés y de inflación estables y que conduzca a la reactivación de la economía. Si el mercado percibe que las tasas van a seguir subiendo, difícilmente estará dispuesto a comprometer más recursos en TES.



Las fiduciarias y fondos, por su parte, tendrán que volver a emprender la tarea y ganarse una vez más la confianza del público. Para ello, deberán concentrar esfuerzos en educar al inversionista, para que conozca muy bien cuáles son los verdaderos riesgos que enfrenta. Los inversionistas tienen que saber que los fondos, por su naturaleza, no cuentan con seguro de depósito y que, además, estos fondos pueden perder parte de su capital. Son vehículos de inversión muy diferentes a los bancos.



Si no se cumplen las condiciones anteriores, muy posiblemente los recursos que bajo circunstancias normales irían a fondear los papeles del gobierno, saldrían en busca de alternativas diferentes. En un mercado donde no hay opciones, lo más probable es que se desplacen hacia las inversiones en dólares, lo cual sin duda aceleraría la devaluación. Toda la estabilidad de la macroeconomía quedaría comprometida por esta vía.
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