Para crecer

| 10/13/2000 12:00:00 AM

Para crecer

¿Deben la paz y el déficit fiscal copar la imaginación del gobierno y de los colombianos? ¿Radica en ellos la solución a todos nuestros problemas? El Reporte Global de Competitividad, el más autorizado análisis comparativo del desempeño económico mundial, realizado por la Universidad de Harvard para el Foro Económico Mundial, trae en su versión del 2000 ideas y datos muy sugestivos. El país puede estar poniendo mal sus prioridades.



¿De qué depende el futuro de una población? De la capacidad de sus instituciones y políticas económicas para generar crecimiento económico alto y sostenible. Y para crecer no bastan la estabilidad macro y la estabilidad política. Es esencial una buena política microeconómica, para inducir inversión en activos físicos, humanos y sociales y, sobre todo, innovación tecnológica y empresarial.



¿Qué tan preparada está hoy Colombia para crecer fuerte y sostenidamente? El reporte pone a Colombia en contexto. Colombia llegó al puesto 48 en el ranking mundial de competitividad corriente, cuatro puestos por encima del último año, gracias fundamentalmente a las políticas de comercio exterior y a la recuperación de una tasa de cambio competitiva. Colombia ha disminuido su vulnerabilidad económica al superar los desequilibrios cambiarios y los temores de iliquidez internacional y de otra gran recesión. Pero nos estamos colgando en la competitividad del crecimiento. Estamos de 52, y solo superamos a países como Rusia y Bulgaria, o Venezuela y Ecuador. Aunque en apertura económica nos ubicamos en el puesto 35, en movilización financiera estamos de 53 y en creatividad económica de 56 entre 58 países. Las grandes limitaciones de Colombia para crecer, hoy, se encuentran en los deficientes estímulos regulatorios, fiscales y financieros para la innovación, para la inversión física y humana y, sobre todo, para la creación de empresas.



El informe sugiere para aquellos países con una competitividad del crecimiento menor que la competitividad corriente, o con indicios de un ingreso per cápita que podría no ser sostenible, un nuevo énfasis en las políticas microeconómicas para el crecimiento.



En el lenguaje colombiano, las implicaciones son obvias. Las políticas fiscales no pueden limitarse a eliminar los desequilibrios macro. La tributación tiene que estimular el crecimiento económico, la generación y movilización eficiente del ahorro y la inversión y la innovación en las empresas. La política de gasto público debe mejorar el ambiente de los negocios, la infraestructura de comunicaciones y, especialmente, fortalecer la capacidad para aplicar la ciencia y la tecnología al sistema productivo. Las políticas financieras no pueden limitarse a contener los efectos de una crisis a los ahorradores, sino buscar nuevos instrumentos para la movilización de recursos hacia las empresas. La actividad bancaria debe complementarse con un mercado de capital de riesgo para estimular la formación de muchos nuevos sectores y muchas nuevas empresas.



Sin estímulos para la inversión, la innovación y la creación de empresas, el ambiente de negocios no hará posible el crecimiento de la economía y del empleo que, en últimas, son los responsables finales de generar los ingresos fiscales y las oportunidades sociales para remover los síntomas de la falta de paz y el déficit fiscal. Sin crecimiento fuerte en el horizonte, no saldremos de esta.



A las autoridades económicas y al país en su conjunto les haría bien una visión más amplia de nuestros verdaderos problemas.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.