| 8/27/1999 12:00:00 AM

Para crecer... invertir

La inversión privada caerá durante este año entre 15 y 20%, una contracción 5 ó 6 veces mayor que la del resto de la economía. Ello, junto con la rápida pérdida del valor del patrimonio empresarial, conducirá a una caída de por lo menos 10% en el stock de capital privado en la economía.



El Plan de Desarrollo 1999-2002 y el Programa Macro 1999-2000 han menospreciado la importancia de la inversión privada, creyendo que la disciplina fiscal, el ajuste externo y las exportaciones automáticamente la traerán consigo. El crónico deterioro de la construcción, el profundo pesimismo de las expectativas inversoras de los empresarios nacionales y el nerviosismo internacional sobre el país después de la descalificación de Moody's nos hacen dudarlo. Si acelera los ajustes, el país podrá detener la dramática caída de la economía de los últimos doce meses. Pero sin mucha nueva inversión tendrá que contentarse, como lo contempla hasta ahora la programación macroeconómica avanzada con el FMI, con lograr para el año 2002 la recuperación del ingreso per cápita... ¡del año 1997!



El país no puede contentarse con dejar de crecer. Y para crecer, no puede seguir ignorando la inversión privada. Dani Rodrik, el famoso economista de Harvard, ha revelado en su reciente libro "Making Openness Work", evidencia rigurosa de que, más allá de los ajustes fiscales, de las exportaciones y de la apertura a Wall Street, la inversión privada ha sido el verdadero motor de crecimiento en los países en desarrollo en las últimas décadas. La mayor inversión trae exportaciones y crecimiento, y no al revés.



El país requiere aumentar la participación de la inversión privada en el PIB 4 ó 5 puntos en los próximos tres años para reconstruir el capital destruido y crecer al 5 ó 6% en el primer quinquenio del próximo siglo y así eliminar el desempleo. Y para ello requiere un programa explícito de promoción de la inversión para el crecimiento, orientado a aumentar la rentabilidad del capital y despertar los "animal spirits" empresariales. Para comenzar la discusión sobre este programa, proponemos las siguientes iniciativas:



* Acelerar la reducción del gasto para que en el acuerdo con el FMI quede un espacio más amplio para la expansión del crédito privado y la reducción sostenible de las tasas de interés reales.



* Aprovechar la atención del gobierno y la opinión pública estadounidenses para proponerle al Congreso la inclusión de Colombia en el programa de Iniciativas Básicas del Caribe (CBI) para propósitos comerciales, y un acta como la 936 para Puerto Rico o República Dominicana, para permitirles a inversionistas estadounidenses deducir de sus impuestos todas las nuevas inversiones en nuestro país.



* Acelerar la reducción para los siguientes 10 años de los impuestos empresariales al 20% y declarar exenta toda reinversión de ganancias.



* Reglamentar ambiciosamente las nuevas zonas de exportación previstas en el Plan de Desarrollo, con generosidad regulatoria, tributaria y mucha flexibilidad laboral.



* Desarrollar el nuevo Fondo Financiero Nacional para evitar cometer los viejos errores del IFI y convertirlo en un verdadero canalizador de crédito de largo plazo y capital de riesgo para emprender nuevas empresas.



* Promover más agresivamente las inversiones en ciencia y tecnología y en infraestructura informática para la generación de nuevos espacios empresariales.



Un programa de promoción de la inversión, con éstas y muchas otras iniciativas como las previstas por el gobierno en materia de infraestructura y energía, sería el comienzo de un círculo virtuoso de oportunidades, capitalización, competitividad y verdadera reactivación del crecimiento. Debería estar muy alto en la agenda pública en este segundo año en que el gobierno y el mundo empresarial necesitan un verdadero nuevo aire.
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