Para ahorrarse decepciones...

| 3/24/2000 12:00:00 AM

Para ahorrarse decepciones...

¿Ya salimos de la crisis económica? Con un supuesto 11% de crecimiento industrial según la Andi, una reciente carta de apoyo del FMI y una bonanza petrolera de casi US$1.000 millones, se ha popularizado la percepción de que la economía ya tocó fondo. Y así el gobierno ha creído encontrar descanso.

En Dinero queremos advertir el peligro de cantar victoria antes de tiempo y de bajar la guardia en el logro de la estabilidad macroeconómica. El respiro de la economía en los últimos meses se debió al anuncio de septiembre de una nueva política macro: el abandono de la banda cambiaria, la inyección de liquidez a la economía y los compromisos del gobierno de austeridad fiscal y de sacar adelante las reformas estructurales.



El respiro de la economía es muy incipiente. Aunque las ventas mejoraron, la liquidación de inventarios aminoró su efecto sobre la producción y, sobre todo, el empleo. Las mayores ventas, además, aliviaron menos el flujo de caja de las empresas, porque las cuentas por cobrar se dispararon. La inversión, por su parte, no da aún señas de recuperación.



Pero, sobre todo, después del anuncio del viraje no han seguido todas las decisiones prometidas. La indecisión del gobierno en ajustar el gasto, y más bien aumentar el endeudamiento, condujo a que la liberación cambiaria revaluara el peso. Ahora, los recursos petroleros parecen justificar una nueva pereza de ajuste fiscal. El Plan Colombia, el velado impulso a los metros de Bogotá y Cali, y las nuevas inversiones de Ecopetrol representan grandes compromisos para las finanzas de la nación en el mediano plazo.



Por otra parte, la preparación de una adición presupuestal por casi $4 billones (servicio de deuda: $800.000 millones; programas sociales: $550.000 millones; vivienda: $350.000 millones; maestros y subsidios de energía: $350.000 millones; recursos para banca pública: $1,6 billones) lleva a un claro desbarajuste de las finanzas del gobierno central. Los malabares contables con el tamaño del déficit del 99 y la sensación de bonanza llevan al gobierno a posponer, sin decirlo abiertamente, las privatizaciones. Y también a quitarles dientes a las reformas estructurales que, prometidas al FMI, se presentan al Congreso. Una perspectiva de gasto público creciente ­un déficit fiscal que podría llegar al 4,5% este año, y sin claras señales de descenso para lo que resta del gobierno­ solo puede generar más contracción de la inversión, más impuestos y menos empleo.



El gobierno debe volver a mirar la experiencia de 1998 y 1999. Dilatar el desajuste fiscal y la solución a la crisis financiera no reactiva la economía y tiene sí enormes costos para la inversión privada y el empleo. La dificilísima situación actual de las empresas requiere que el gobierno no repita la receta de mayor gasto y mayores impuestos que ya intentó una vez. El ajuste fiscal debe hacerse con una seria reducción estructural de gasto público que aligere también los impuestos empresariales. Solo abriendo espacio para la capitalización y la inversión privada ­con estímulos tributarios, posibilitando el ingreso de capitales externos y promoviendo el mercado de capitales­, el país podrá aspirar a un crecimiento económico positivo este año y a una senda de crecimiento sostenible en los próximos.



Ceder a tentaciones de creerse en bonanza y satisfacer la ansiedad política de gasto puede ser muy peligroso. Desfallecer en el intento de estabilizar seriamente la economía, con una lectura equívoca de los datos recientes, puede traer muchas decepciones...
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