| 3/16/2006 12:00:00 AM

Panorama despejado

Los resultados de las elecciones para Congreso, con el uribismo como gran ganador, reflejan la voluntad de los colombianos de seguir trabajado en la construcción de un mejor país para las generaciones futuras.

Con la victoria de este 12 de marzo, el presidente Álvaro Uribe se apuntó un round decisivo. A la luz de estos resultados electorales, se incrementa sustancialmente la probabilidad de que Uribe gane las elecciones presidenciales en primera vuelta. Más allá, hay un nuevo optimismo, algo a lo que no estamos acostumbrados los colombianos. Respaldado por sólidas mayorías en el Congreso, el presidente Uribe en su segundo mandato podría sacar adelante las reformas que tanto reclaman los mercados. Esta sola expectativa es suficiente para tranquilizar a los inversionistas y permite augurar unos muy buenos años para Colombia, de crecimiento y desarrollo económico. Solo se necesita que el Presidente se empeñe en hacer completa esta tarea.

La coyuntura no podría ser mejor. Por primera vez en años, Colombia se destaca sobre los países latinoamericanos. Las empresas extranjeras ven a Colombia como un lugar atractivo para sus inversiones. Es el caso de empresas latinoamericanas, como Cemex, Copa Holdings, Falabella, y Ripley; y de multinacionales como Philip Morris, SABMiller y BBVA, que han hecho inversiones millonarias para ingresar al país.

El mercado accionario es otro ejemplo del impulso que ha tomado nuestro país. El desempeño de la bolsa de Colombia ha estado entre los mejores en Latinoamérica desde 2004 y fue el segundo en el mundo en 2005. Es el tercer mercado más líquido después de Brasil y México, con transacciones que superan los US$85 millones diariamente en promedio, un poco por encima del valor transado en la Bolsa de Chile. Lo que está ocurriendo en la bolsa es notable, si se tiene en cuenta que en 2004 el promedio diario apenas alcanzaba los US$10 millones diarios.

Todo lo anterior es el resultado de la mayor confianza, que obedece a la mejora en las condiciones de seguridad, el mayor crecimiento económico y la percepción de una mayor estabilidad política, especialmente frente a otros países de la región.

Si perdura la claridad en las perspectivas políticas y económicas, muy pronto veremos nuevas inversiones.

WalMart acaba de registrar su marca en Colombia y se especula cuándo sería su ingreso al país. Los proyectos para la construcción de grandes hoteles en Bogotá por parte de empresas extranjeras, como Hoteles Intercontinental, Marriott y Ritz Carlton están en su apogeo, como lo está también el interés de los bancos internacionales por ampliar su participación en el sector financiero colombiano.

¿Qué podría aguar la fiesta? En el frente interno, si nos dedicamos a hacer bien la tarea y verdaderamente aprovechamos el buen momento para impulsar al país, podemos esperar un muy buen desempeño. Hacer la tarea no solo implica resolver las reformas económicas pendientes, sino también sacar adelante la agenda interna, para que el TLC con Estados Unidos se convierta en una verdadera fuente de desarrollo. Este es un reto que hay que tomar en serio. Si, por el contrario, nos dedicamos al derroche y asistimos a los tiempos de las vacas gordas como espectadores indolentes, sin resolver los problemas latentes del país, a la vuelta de un par de años Colombia podría volver a estar muy mal.

En el frente externo, los escenarios son menos predecibles. Las condiciones pueden cambiar de la noche a la mañana. Si suben las tasas de interés en Estados Unidos y se frena el crecimiento de la economía mundial, el atractivo de Colombia para los inversionistas podría cambiar súbitamente y los dólares dejarían de fluir hacia nuestro país.

Un escenario externo como ese sería desfavorable, pero manejable, si Colombia aprovecha los buenos tiempos para ajustar sus cuentas y dar solidez a su estructura económica. Por el contrario, si el revés llega en medio de una fiesta de derroche, sobrevendría una crisis. Los colombianos eligieron un Congreso uribista que garantice la continuidad y siga por el camino que trazó el Presidente hace cuatro años. No se puede desaprovechar la oportunidad.
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