| 9/1/1994 12:00:00 AM

Pacto non sancto

EL PACTO social funcionó en México porque el ancla era alcanzar una inflación de un dígito. Expertos mexicanos que han venido al país han confirmado que la base del éxito es una política monetaria y fiscal ortodoxa. Ello significa moderación en el gasto público, hasta el punto de que algunos aseguran que la única manera de lograr los objetivos es mediante un superávit fiscal superior al 5% del PIB.

A pesar de los consejos, el ministro Perry no ha sido claro en su meta de inflación. En ningún momento se ha mencionado la frase mágica "inflación de un dígito", sino que, por el contrario, Perry ha dicho que el 19% de este año es muy optimista. Por su parte, la junta Directiva del Banco de la República tiene como meta para 1995 una inflación del 17%, cifra que peca por falta de ambición.

Un ministro sectorial como Rodrigo Marín ha decidido defender la causa de los trabajadores y ha anunciado que los salarios de 1995 se fijarán con base en la inflación pasada. Otros funcionarios, menos francos, han manifestado que hay que fijar el salario mínimo con base en la inflación esperada más unos puntos por aumento en la productividad. Este último es inmedible por inexistente, y simplemente refleja la complacencia del gobierno con los sindicatos.

Las contradictorias manifestaciones del equipo de gobierno, y la confusión de Perry respecto a su verdadero objetivo de inflación para los próximos años, parecen indicar que el pacto social real mente será un acuerdo de precios y salarios que validará inflaciones superiores al 22%. Estos acuerdos se utilizaron sin éxito en varios países durante los años setenta y consistían en la repartición del impuesto inflacionario por parte de los grupos económicos más poderosos de la sociedad, incluyendo los sindicatos, con el gobierno sirviendo de ingenuo árbitro.
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