| 6/20/2008 12:00:00 AM

Optimistas vs. Pesimistas

Dependiendo de quién los mire, los indicadores de la economía colombiana auguran una catástrofe o son la antesala de un sinnúmero de oportunidades empresariales. ¿De qué lado está usted?

Después de unos años muy buenos, con alto crecimiento e importantes aumentos en la inversión y el consumo, la economía colombiana se está desacelerando. La inflación parece no ceder, a pesar de la subida de los intereses por parte del Banco de la República y de las medidas administrativas adoptadas por las autoridades. Adicionalmente, el peso se sigue revaluando frente al dólar (20% en lo que va corrido del año) y para nadie es claro hasta dónde podría caer la cotización del dólar.

Ese es el escenario. Lo que más llama la atención, sin embargo, es la distancia tan grande que hay entre los puntos de vista adoptados por distintos grupos de empresarios al evaluar la situación. Mientras unos han asumido una postura de pesimismo extremo, otros ven el momento actual como un amanecer resplandeciente, en el que solamente ven promesas de desarrollo para sus organizaciones.

Para los pesimistas, con estos cambios la economía colombiana no es viable. La combinación de tasas de interés altas, revaluación e inflación hace que sea imposible competir y que la quiebra sea el escenario más probable. Desde su perspectiva, la única solución está en las ayudas del Gobierno, para aguantar mientras dura el chaparrón y logran regresar a la situación anterior, que es añorada como un mundo ideal. Este grupo pide a gritos que se reduzcan los intereses, se mantengan controlados los precios, incluyendo el del dólar, y se impongan más controles al ingreso de capitales.

Los optimistas, por su parte, buscan oportunidades en el nuevo entorno. Creen que la economía cambió y que posiblemente el peso fuerte será un tema que nos acompañará por un buen tiempo. Piensan también que quedarse esperando a que el Gobierno logre resucitar el pasado, a partir de controles y medidas administrativas, no sería el uso más productivo para su tiempo. Este grupo está descubriendo una Colombia nueva, donde quizás algunas actividades que fueron rentables en el pasado dejarán de serlo en el futuro. No se desgastan lamentándose, sino buscan nuevas alternativas. Pueden imaginar un futuro en el que el país encuentre nuevos sectores exitosos y en el cual los métodos productivos modernos, basados en la innovación y el conocimiento, reemplacen las ventajas competitivas tradicionales que han sido menoscabadas por la debilidad del dólar.

Estos optimistas no son difíciles de encontrar. Para verlos en carne y hueso basta hablar con el presidente de cualquiera de las multinacionales que operan en el país. Para ellos, Colombia es un país donde abundan las oportunidades y todo está por hacer. Ven unos consumos per cápita que son extremadamente bajos en comparación con el tamaño de la economía y el desarrollo del país, incluso cuando se compara con otros países de América Latina. Con base en esto, auguran excelentes perspectivas para los productos de consumo. Ven que no hay infraestructura, pero eso los alienta a pensar en las posibilidades que vendrán para quienes participen en su construcción. Ven tantas oportunidades, que incluso algunos de ellos se han retirado de sus cargos para instalarse en el país y dedicarse de lleno a construir sus propios negocios.

Es entendible que la gente se asuste cuando la economía se desacelera o cuando cambian las condiciones monetarias, y más aún después de la experiencia que vivimos a finales de la década de los noventa. Pero no podemos perder la objetividad y la perspectiva de largo plazo. La economía se desaceleró en este año porque estaba recalentada y así no era posible seguir creciendo. No sobra anotar, además, que crecer a tasas de 5% anual tampoco es una catástrofe y mucho menos cuando esa es la tasa potencial de crecimiento de largo plazo.

Por los motivos de seguridad que todos conocemos, Colombia se ha mantenido prácticamente inexplorada en todos los frentes. Esto es cierto en el caso de las actividades agropecuarias, mineras, forestales y otras más, donde ahora, gracias a los logros en seguridad y a los altos precios internacionales, se abren muchas oportunidades. En todas estas actividades hay oportunidades, si los empresarios las asumen con criterios modernos de productividad y sostenibilidad. Allí están las claves de la generación de riqueza que el país requiere.
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