| 3/16/2017 12:00:00 AM

Optimismo realista: El nuevo mantra de la economía colombiana

Ni el pesimismo debe adueñarse de los ánimos de empresarios, consumidores e inversionistas, ni el exceso de confianza debe dominar en las toldas oficiales del Gobierno. Las amenazas siguen siendo evidentes y deben ser enfrentadas.

El año 2016 fue uno de los más complejos para la economía en la historia reciente. Cuatro hechos determinaron el mediocre crecimiento de 2% en ese periodo: el Fenómeno del Niño, el paro camionero, el plebiscito de la firma del acuerdo en La Habana y la discusión y sanción de la reforma tributaria.

Aunque se esperaba que 2017 fuera el año del rebote, todo empezó más difícil de lo que se esperaba y algunos resultados de los dos primeros meses lo confirman. Para comenzar, el Índice de Confianza del Consumidor llegó en enero a -30%; nunca se había ubicado en un nivel tan bajo desde noviembre de 2001, cuando Fedesarrollo empezó a realizar la encuesta; el indicador se mantuvo en terreno negativo todo el año anterior. Una señal preocupante, dado que el consumo privado representa más de 60% del PIB.

Por su parte, según la consultora Raddar, el gasto de los hogares ha decrecido en 2,5% en lo corrido de 2017 y en 12 meses, a febrero, la caída es de 0,3%.

La reciente encuesta de Gallup sobre el panorama del país, publicada semanas atrás, mostró que para 82% de las personas consultadas la economía del país va empeorando. En diciembre la cifra fue de 74%.

A su vez, la inversión extranjera directa neta en los primeros dos meses del año llegó a US$1.151 millones, inferior en cerca de US$400 millones al registro acumulado a febrero de 2016, que alcanzó los US$1.505 millones, una caída estrepitosa de 23%.

El contexto internacional agudiza el pesimismo por cuenta de la llegada de Donald Trump al poder, los efectos del brexit, las elecciones en Francia y la volatilidad en el mercado del petróleo.

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En lo local, es necesario destacar que la tributaria generó preocupación entre los consumidores y los empresarios por el impacto del aumento del IVA y los nuevos impuestos. A esto es necesario agregar la polarización política en una campaña electoral que ya empezó y, especialmente, la incertidumbre sobre el impacto que tenga en el sector de infraestructura los casos de corrupción de Odebrecht en Colombia; las preocupaciones no son pocas, pues las denuncias sobre la filtración de recursos de esos sobornos a las campañas políticas, en particular la del hoy presidente Juan Manuel Santos, amenazan la gobernabilidad. El temor es mayor porque tiene que sacar adelante la implementación de los acuerdos de paz; sin embargo debe hacerlo con una de las favorabilidades más bajas en la historia.

La preocupación sobre el crecimiento fue lo que llevó al Banco de la República en su pasada Junta a bajar tasas para dinamizar la economía. Sin embargo, en la próxima reunión de la Junta serán claves no solo la tendencia que trae la inflación y el comportamiento del consumo, sino también las decisiones que al cierre de esta edición pudiera tomar la Reserva Federal con relación a las tasas en Estados Unidos.

Las buenas noticias vienen por el lado de la calificadora Fitch, que mantuvo en BBB el rating de Colombia y pasó de negativa a estable la perspectiva. Este es un espaldarazo a la reforma tributaria y muestra que las calificadoras empezaron a entender que los déficits externo y fiscal se vienen corrigiendo y que el nivel general de precios de la economía se dirige hacia el rango meta. Las calificadoras creen que el proceso de ajuste del país se viene dando dentro de unos rangos aceptables. También porque se tiene la esperanza de que el déficit de cuenta corriente se siga moderando por un repunte de las exportaciones derivado de un mayor crecimiento mundial.

Aunque se espera que este año sea el inicio del repunte en el crecimiento, las proyecciones ya no son tan optimistas: el Gobierno ha planteado un crecimiento para este año de 2,5%, pero analistas como Credicorp lo sitúan en 2,1% y Anif en 2,2%, no muy lejano del registrado el año pasado. Existe un riesgo enorme de que Colombia haya hecho el aterrizaje en una zona de crecimiento mediocre. Para enfrentar esta circunstancia, el Gobierno empaquetó en el plan Colombia Repunta decisiones claves para dinamizar la demanda. Sin embargo, la percepción de empresarios y analistas es que se trata de más de lo mismo, con hechos –en su mayoría– que ya estaban en la agenda.

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Por eso, es necesario reenfocar la discusión. Como mencionó Eduardo Pacheco, presidente del Grupo Colpatria, en una reciente entrevista con Dinero, si el país no crece a tasas de 5% o 6% no se va a solucionar el problema de pobreza y desigualdad; así, el riesgo de retroceder en los logros que se habían alcanzado es cada vez mayor.

En Colombia se acuñó una frase según la cual “el país va mal pero la economía va bien”. Ahora, la preocupación es que al país le empiece a ir mal en ambos frentes. Es necesario que el remolino que ha generado el debate electoral y las denuncias de corrupción no se lleven la economía por delante. Ni el pesimismo debe adueñarse de los ánimos de empresarios, consumidores e inversionistas, ni el exceso de confianza debe dominar en las toldas oficiales del Gobierno. Las amenazas siguen siendo evidentes y deben ser enfrentadas. Es hora de acuñar un nuevo mantra –planteado por el presidente del Grupo Argos, Jorge Mario Velásquez– en el esfuerzo por llevar a buen puerto el barco de la economía: optimismo realista.

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