| 5/26/2006 12:00:00 AM

Ojo con la economía

La caída de los mercados financieros lleva a prender las alarmas sobre lo que le espera a la economía en los próximos años. El nuevo Presidente enfrentará grandes retos ante un entorno externo mucho menos favorable.

Basta repasar las cifras económicas para ver que a Colombia le ha ido bien. El PIB ha crecido por encima del 4% durante tres años consecutivos; la inversión privada, que llegó a estar en los niveles más bajos del planeta, ha crecido a cifras de dos dígitos; y el desempleo se ha reducido considerablemente. La inflación, el indicador más sensible sobre las perspectivas del futuro a corto y mediano plazo, está en niveles comparables con los de las economías más estables del mundo.

Buena parte de estos logros es atribuible al presidente Uribe y su gobierno, en particular por la mayor confianza en el país que existe hoy. Sin embargo, no se puede perder de vista que el excelente contexto internacional es una causa básica de nuestro buen desempeño. La economía mundial ha tenido el mayor crecimiento en muchos años, la demanda por productos básicos es creciente, y en los mercados monetarios han reinado las bajas tasas de interés y la abundante liquidez.

Antes del bajón que se acaba de presentar en los mercados financieros, quizás era posible imaginar que hacia adelante todo seguiría igual. La reelección de Uribe es un hecho descontado por todos los analistas, lo que da confianza en la continuidad de las políticas económicas. Además, Uribe contará con la garantía del apoyo del Congreso a su gestión en su segundo mandato.

La pregunta que surge ahora es si, en un contexto externo mucho menos favorable, a la economía le va a ir igual de bien. La respuesta es no, definitivamente.

La aversión al riesgo que se está despertando entre los inversionistas se sentirá especialmente en los mercados emergentes. El ingreso de capitales en busca de oportunidades de inversión será infinitamente menor. Esto no solamente impactará las monedas y los intereses de esos países, sino también las finanzas públicas.

En los años recientes, gozosos y de plata fácil, los gobiernos no acababan de terminar una emisión de bonos cuando ya estaba colocada, a tasas que en otra época habrían requerido que el emisor tuviera calificación de grado de inversión. Sin embargo, si los mercados se voltean y la aversión al riesgo aumenta, como de hecho ya está sucediendo, el acceso al crédito se dificultará. Aquí es cuando ciertos temas que a muchos les parecen aburridores e insignificantes —como la disciplina fiscal y las reformas estructurales— pasan a ser decisivos.

La desvalorización de las monedas, con el aumento de los intereses que esta conlleva, afecta los indicadores de la deuda pública y, por ende, la percepción de los inversionistas frente a los países.

Los buenos años le permitieron a Colombia ganar tiempo y pudo reconvertir y reestructurar su deuda. No obstante, desaprovechó la oportunidad para avanzar en reformas como la tributaria y la de transferencias, que le permitirían afrontar un entorno adverso sin mayores traumatismos.

Si la aversión al riesgo de los inversionistas sigue creciendo y los capitales no ingresan al país con la misma facilidad con que lo venían haciendo, al gobierno le va a costar trabajo acceder a los mercados de capitales, al menos con la holgura de los últimos años.

Aunque sea Uribe el nuevo presidente, en materia económica las cosas no van a ser como fueron en el pasado reciente. La única política racional es avanzar en la agenda de reformas pendientes y comprometerse con este proyecto hasta que los mercados así lo reconozcan. Esto es lo que necesita la economía colombiana. Así lograríamos atraer la inversión que busca condiciones estructurales para proyectos de largo plazo y no capitales golondrina, que van por el mundo tras rendimientos extraordinarios en economías de alto riesgo y que se marchan tan pronto consideran que una coyuntura les es desfavorable.
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