| 11/23/2011 6:00:00 PM

No te rajes, Rajoy

El recién electo presidente del Gobierno de España enfrenta una durísima prueba de fuego: evitar que su país se quiebre y caiga en recesión.

A Mariano Rajoy le va a tocar bailar con la más fea. Eso está claro desde el momento en que ganó las elecciones en España, el pasado 20 de noviembre. Los mercados no le dieron ni un minuto de tregua y lo recibieron con un baldado de agua helada: una fuerte caída de las bolsas y grandes saltos en la prima de riesgo. A pocas horas de su victoria, España estaba pagando la tasa de interés más alta desde que se implementó el euro (6,78% para los bonos a 10 años) y el diferencial entre la deuda española y la alemana superaba los 460 puntos básicos. Al cierre de esta edición, los indicadores financieros de la economía española eran los peores entre todos los países de la Eurozona que hoy están bajo sospecha.

Es claro que los inversionistas no le darán el más mínimo compás de espera al nuevo gobierno. Aquí no hay luna de miel. Los mercados exigen resultados y no se van a calmar fácilmente frente a problemas que son de marca mayor. La deuda, la falta de crédito y el desempleo son los grandes ‘demonios’ que esperan al líder del PP.

El más apremiante de todos, la crisis de la deuda española, es una carrera contra el reloj. España tiene cada vez menos financiación y prueba de ello es que la prima de riesgo está rozando los 500 puntos básicos. Las explicaciones están en la poca confianza que hay respecto al cumplimiento de las metas de déficit público (6% del PIB en 2011) y el creciente tamaño de la deuda, que llegará a 68% del Producto Interno Bruto al cierre del año. Todo esto en medio de un panorama económico desolador, con una proyección de crecimiento de tan solo 0,8% para este año.

Rajoy ha prometido apretarse el cinturón y reducir el gasto público. Su mensaje de campaña es que España no va a gastar más de lo que le ingresa. Bajo esa premisa, anunció que le meterá tijera “a todo menos a las pensiones públicas, la salud y la educación”. Sea como sea, necesita recortar el gasto público en 30.000 millones de euros.

El segundo gran chicharrón del nuevo gobierno español es la falta de crédito. La creciente morosidad de los hogares, la explosión de la burbuja inmobiliaria y la incertidumbre reinante en toda Europa conforman un coctel letal para el sector financiero de España. No solo ha disminuido su liquidez sino que se empieza a cuestionar su solvencia. Según el Banco Central Europeo, los bancos españoles requieren una recapitalización de 26.000 millones de euros. No están consiguiendo dinero en los mercados financieros y, por eso, cada vez más entidades tienen que acudir al Banco Central Europeo.

Para solucionar ese ‘problemita’, Rajoy ha prometido una reestructuración del sistema financiero. Una de las cosas más dolorosas que tendrá que hacer será dejar caer a los bancos menos solventes. La otra, ayudar a sanear los balances, aunque no es partidario de crear un “banco malo” como lo han hecho sus colegas gringos al otro lado del Atlántico. Es muy posible que el nuevo Presidente de España le eche mano al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) para ayudar a la banca. De hecho, parece que ya han empezado los contactos a través de Angela Merkel para que el FEEF le gire a España un cheque por 100.000 millones de euros.

El último demonio con el que tendrá que lidiar Rajoy es el galopante desempleo español, que ya está en 21,5%, la cifra más alta de toda Europa. Rajoy ha propuesto un abanico de medidas tributarias, incluyendo rebajas al impuesto de renta a las Pymes y modificaciones en el recaudo del IVA. Como plato fuerte, ha prometido una “Ley de Emprendedores” que favorecerá la creación de empresas a punta de incentivos fiscales. Nada de esto promete ponerle fin al drama de los casi 5 millones de desempleados (parados) que hay en la madre patria.

El panorama económico español es sombrío. Las exigencias sobre Rajoy son apremiantes y los mercados no le van a dar siquiera tiempo para acomodarse en su nueva oficina de La Moncloa. Es posible que, dentro de pocos días, en su fuero interno Rajoy preferiría no haber salido elegido. No importa, tendrá que seguir a cargo, así sea para asistir al descalabro económico más grave por el que haya pasado España en los tiempos modernos.

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