| 4/27/2007 12:00:00 AM

No es cuestión de culpables

¿Quién dijo que la aprobación del TLC iba a ser fácil, o que no habría grandes obstáculos que podrían ponerlo en peligro?

Es cierto que tanto la respuesta del presidente Uribe ante los ataques del senador Gustavo Petro, como el desplante del ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, dejan un muy mal sabor. También es cierto que generan algo de incertidumbre. Sin embargo, hasta ahí llegan los efectos de estos dos eventos.

Se ha especulado bastante en estos días respecto a cuál podría ser el impacto de estos hechos sobre la economía, así como sobre la aprobación del TLC por parte del Congreso de los Estados Unidos. En buena medida, estos dos temas están relacionados, pues el TLC es la gran apuesta de los dos gobiernos de Uribe para garantizar el crecimiento económico en el largo plazo. Buena parte de la inversión interna y externa de los dos últimos años está ligada a las expectativas frente a las oportunidades que generaría el tratado.

Sin embargo, poniendo las cosas en sus justas proporciones, difícilmente podría afirmarse que las actuaciones recientes del presidente Uribe o del senador Petro hayan contribuido en forma dramática a complicar la aprobación del TLC en Estados Unidos. Este proceso se enredó desde el mismo día en que los demócratas ganaron la mayoría en el Congreso, en noviembre pasado. Para nadie es un secreto la aversión del partido demócrata por el libre comercio y su posición frente a los temas laborales y de medio ambiente.

Tampoco es tema nuevo la premura de tiempo para la aprobación del tratado en el Congreso de Estados Unidos, dado el vencimiento en junio de este año del Trade Promotion Authority o TPA (la autoridad temporal que el Congreso concedió al presidente de Estados Unidos para negociar tratados de libre comercio sin que intervenga el legislativo, salvo para aprobar o negar un texto completo).

Para poder acogerse al TPA y para que el tratado sea aprobado tal y como fue negociado, sin anexos ni cartas paralelas, es necesario que sea presentado por el presidente Bush antes de esa fecha. Esto no ha sucedido hasta el momento, porque el presidente simplemente no cuenta con los votos necesarios para su aprobación.

Hay que entender también que nadie tiene por qué hacer la tarea que le corresponde a Colombia para sacar adelante el TLC en el Congreso. La jornada de los colombianos no terminaba con la negociación de un texto, sino que debía extenderse hasta hacer el lobby para la aprobación en el Congreso. Esto es doblemente cierto si se tiene en cuenta que de la aprobación del TLC depende el crecimiento de la economía en el largo plazo.

Esto es lo que debe tener muy claro el gobierno del presidente Uribe y, por tanto, debe tener mucho cuidado con sus actuaciones en las próximas semanas, para no acrecentar el enredo que ya existe en el Congreso de Estados Unidos. En este sentido, es bienvenida la decisión del primer mandatario de viajar a Washington junto con los dirigentes gremiales y el Fiscal Iguarán.

En este momento, lo más probable es que el texto eventualmente terminará siendo aprobado por el Congreso de Estados Unidos, aunque con los anexos y cartas paralelas que quieren los demócratas. De cualquier forma, esto es preferible a una decisión por parte del partido demócrata de rehusarse a dar trámite al acuerdo.

Entre tanto, la incertidumbre continuará, pero es la misma que ya tenía el proceso antes del debate del senador Petro y el desplante del ex vicepresidente Gore. Esos dos eventos no alteran el balance de los factores y sería absurdo atribuírselos a un cambio en las condiciones económicas del país.
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