Ni un paso atrás

| 2/21/2003 12:00:00 AM

Ni un paso atrás

En medio de las grandes tragedias de los últimos días, es difícil encontrar palabras adecuadas que expresen el sentimiento de todo un país. Nos duele la muerte de Juan Luis Londoño, nuestro ex director y amigo, nos duelen las víctimas del Club el Nogal y nos duele el atentado contra los miembros de la Fiscalía y la Policía en Neiva, que destruyó medio barrio de esa ciudad.

Este dolor, en lugar de acobardarnos, debe servir para volvernos más conscientes de los problemas de Colombia y de lo mucho que tenemos que hacer para solucionarlos.

El presidente Uribe, con razón, ha solicitado mayor colaboración de la comunidad internacional en la lucha contra el terrorismo en Colombia. Es difícil entender que la solidaridad internacional no vaya más allá de unos breves mensajes de condolencia por los hechos violentos ocurridos en nuestro país. Esto resulta aún más incomprensible después de los atentados del 11 de septiembre del 2001, que llevaron al mundo a darse cuenta de la verdadera capacidad de destrucción del terrorismo, no solo en términos de vidas humanas, sino de los sueños y las ilusiones de una nación.

La lucha contra el terrorismo, sin embargo, requiere más que ayuda internacional. Es preciso que todos los colombianos nos unamos a este propósito y hagamos presencia permanente, para evitar y rechazar los atentados terroristas. Tenemos la obligación de continuar adelante con nuestras actividades para que el país no se detenga, pero al mismo tiempo debemos elevar nuestro nivel de conciencia y contribuir al trabajo que adelanta la Fuerza Pública.

Si esto le corresponde a la sociedad civil, al gobierno y a las Fuerzas Militares les queda otro tanto. En ningún momento se puede bajar la guardia en materia económica.

Por el contrario, hoy más que nunca es importante seguir con los ajustes planteados, tanto en las leyes que fueron aprobadas a finales del 2002 como en el referendo.

Esta es la mejor forma de contrarrestar los efectos del terrorismo. No podemos darnos el lujo de permitir que la economía pase a un segundo plano, pues el debilitamiento de la estructura productiva que ello traería sería equivalente a otorgarles una gran victoria a los terroristas.

Es fundamental que las Fuerzas Militares empiecen a mostrar resultados concretos, que le devuelvan la esperanza a la gente. Los colombianos pagamos con gusto el impuesto al patrimonio, convencidos de que esta era la manera de mejorar las condiciones de seguridad en el país. Estaríamos dispuestos a seguir aportando. Pero los resultados tienen que llegar.

Y no podemos olvidar a Juan Luis Londoño. El país entero le rindió un gran homenaje tras su muerte. El presidente Uribe, en sus palabras de despida en la misa fúnebre, exaltó el legado que su ministro de Protección Social hizo a los colombianos. Su ideal era que Colombia tuviera un sistema de protección social que sirviera, sobre todo, a la población más vulnerable. Juan Luis tuvo tiempo de construir las bases del mismo, mas no de reglamentarlo, ni mucho menos de verlo operar.

El homenaje que podemos hacer a este gran hombre que dedicó su vida al servicio de Colombia, porque estaba convencido de que sí era posible lograr un país mejor, es velar por que su obra continúe y sus ideas no se evaporen con el tiempo.
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