Nadie nos hará la tarea

| 3/22/2002 12:00:00 AM

Nadie nos hará la tarea

Con frecuencia, nos preguntamos por qué estamos tan mal y cómo llegamos a una situación en la que las notas dominantes son el pesimismo y la desesperanza frente al futuro. Sin embargo, rara vez pensamos en qué podríamos hacer para cambiar el destino de este país. Al parecer, lo hemos aceptado como ineludible, como si no fuéramos capaces o no quisiéramos hacer algo para modificarlo.



Cuando el proceso de paz se rompió en febrero pasado, a los colombianos se nos presentó una oportunidad única para unirnos y luchar por una causa común: la recuperación del país. Infortunadamente, un mes después de haberle dado un respaldo multitudinario al presidente Pastrana por su decisión de acabar con el proceso, hoy le damos la espalda al problema del conflicto armado y queremos dejarlo en manos de terceros. El Opinómetro que publica el diario El Tiempo en su edición del 17 de marzo es un fiel reflejo de esta actitud. A la pregunta de cuál debería ser la procedencia de los recursos para enfrentar a la guerrilla y al paramilitarismo, el 54% de los encuestados contestó que deberían venir de la cooperación internacional, mientras solo un 6% respondió que la fuente serían nuevos impuestos. Deberíamos estar avanzados en una discusión con propuestas concretas sobre lo que cada uno va a aportar a la solución. Pero no. Puestos ante una encrucijada que definirá la existencia de Colombia como Nación, actuamos como si el problema fuera de otro.



De esta actitud de la avestruz difícilmente va a salir un mejor país. El caso del conflicto armado es tan solo un ejemplo. Este operar de los colombianos se repite en todas las acciones y actitudes de la vida. Cuando se habla de la necesidad de invertir para aumentar el crecimiento económico, siempre se mira hacia la inversión extranjera, olvidando que los recursos que los colombianos tienen en el exterior, entre US$20.000 y US$30.000 millones, son los primeros que deberían estar respaldando el renacimiento del país.



Las soluciones que todos queremos están aquí y dependen de nosotros. Pero hay que hacer la tarea y hay que empezar por casa. No es tan complicado si cada uno asume con responsabilidad el papel que tiene en la sociedad. Es cuestión de apostarle a Colombia.



La mejor contribución que puede hacer un empresario es trabajar para que su empresa sea rentable y sus empleados logren la mayor productividad . Solo así puede generar empleo y, además, pagar impuestos. La contribución de los trabajadores es entregar su mejor esfuerzo para que sus empresas sean competitivas. Los medios de comunicación tienen la responsabilidad de buscar la verdad y decirla, no dejarse manosear por intereses y presiones, expresar los sentimientos de la sociedad, ayudarla a visualizar el camino hacia un mejor futuro y contribuir con una mirada fría a los hechos, en lugar de ser arrastrados por el sensacionalismo. El gobierno tiene que asumir la gigantesca responsabilidad que le ha sido delegada por los ciudadanos, manejar los recursos para el bien de todos y establecer autoridad.



Más allá de lo que hace cada uno individualmente, esto solo se va a arreglar si trabajamos juntos tras el objetivo. En este momento, Colombia debería estar llena de iniciativas colectivas. Debería haber grupos de empresas, grupos de vecinos, grupos de compañeros de trabajo buscando organizarse para enfrentar la incertidumbre física y económica. En Estados Unidos se está construyendo una red de comunicaciones entre los presidentes de las principales empresas con el fin de coordinar una respuesta ante cualquier nuevo atentado terrorista. En Colombia, un país que vive bajo ataque permanente, nadie se moviliza a buscar a su vecino para defenderse juntos. El destino está en nuestras propias manos. Es hora de que empecemos a cambiar.
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