| 7/1/1993 12:00:00 AM

Nada excepcional

CADA VEZ QUE se cierra una legislatura el presidente de turno sale a calificar los resultados como "excepcionales" e "históricos". Debernos estar felices de tener un Congreso que sí funciona porque aprueba alguna que otra ley de interés nacional.

La mayoría de la opinión pública no está de acuerdo con esta apreciación. Aunque el Congreso trabaja, especialmente al final de cada período a punta de pupitrazos, todavía no cumple cabalmente con sus funciones. Las leyes que aprueba contienen un alto grado de improvisación. Los debates sobre el presupuesto nacional, terna que debería ser objeto de minucioso análisis, son superficiales, por decir lo menos. En la fiscalización poco se ha avanzado, pues lo que ha quedado en la retina son las intervenciones pintorescas sin nada de fondo. La llamada comisión de ética poco sirvió, ante la falta de autoridad moral de varios parlamentarios para hablar sobre este específico tema.

Lo ideal sería que cada candidato a la presidencia o a las corporaciones públicas, le contara a la opinión pública cuánto dinero posee y cuál es el origen de su riqueza. Hay varios políticos que todavía siguen campantes exprimiendo sus feudos en la administración pública, en detrimento de las condiciones de vida de la población. Pero esto sería mucho pedir en un país donde los verdaderos corruptos nunca son castigados. A duras penas permanecen un día en la cárcel.

Los medios de comunicación aplauden y le dan tribuna a quienes se han enriquecido ilícitamente en la política o en un puesto público. El sector privado los financia a sabiendas. El hecho de que los corruptos se han salido con la suya durante tanto tiempo ha hecho pensar que el dinero mal habido y el éxito son una misma cosa. Políticos sin credibilidad producen congresos poco excepcionales.
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