Mucho por hacer

| 8/17/2001 12:00:00 AM

Mucho por hacer

La encuesta sobre empresas de familia que acaba de publicar la Superintendencia de Sociedades es, sin duda, un gran aporte a un tema sobre el cual seguimos siendo profundamente ignorantes en Colombia (página 28). Las conclusiones son bastante reveladoras. Contrario a lo que sucede en otros países donde las empresas familiares son la mayoría absoluta, con participaciones por encima del 90%, en Colombia las empresas familiares solo son el 68% del total de empresas. La explicación, sin embargo, es bastante sencilla y radica en las dificultades que hay en el país para crear empresas y para acceder a recursos de capital. Esto hace que el espacio que podrían ocupar las empresas de familia en el desarrollo empresarial del país esté siendo utilizado por las multinacionales, que son las que finalmente tienen el capital y el conocimiento para contrarrestar las barreras existentes. Esta tendencia se ha venido intensificando en los últimos cinco años.



Para Dinero, la permanencia en el tiempo de las empresas de familia ha sido siempre un tema de gran interés. En marzo de 1999 (edición No. 80), escribimos sobre los avances que en esta materia estaban haciendo las empresas familiares en el país. Al volver sobre el tema, dos años después, descubrimos que los procesos han avanzado poco y, además, que la fuerte crisis económica ha contribuido a dilatarlos. Si las decisiones eran difíciles en una economía que crecía, cuando se pensaba que había varios años para perfeccionar los mecanismos institucionales indispensables para manejar la empresa familiar, la crisis ha reducido sustancialmente el margen de maniobra y ha elevado las exigencias de madurez y capacidad para los miembros de las familias. Este déficit de inteligencia emocional podría ser una variable crítica para el crecimiento de la economía colombiana en el largo plazo.



Si queremos tener más empresas familiares y que las existentes logren completar su evolución como negocios, es preciso encontrar la forma para que las firmas locales tengan acceso a recursos de inversión. Para ello, lo primero que se requiere es el desarrollo del mercado de capitales. Es urgente que el gobierno saque adelante el proyecto que hace rato tiene en camino y que muy seguramente daría un gran impulso a este mercado. Pero hay que ir más allá. Las empresas también deben dar un salto importante hacia la profesionalización de la administración y la aplicación de prácticas modernas de buen gobierno corporativo, ya que solo así serán capaces de ganar la atención y la confianza de los dueños del capital que ellas necesitan como fuente vital para crecer. La transparencia en el manejo contable, la independencia de la junta directiva frente a la administración y la protección de los derechos de los accionistas minoritarios son todos principios de buen gobierno que permiten ganancias en competitividad y facilitan el acceso al capital tanto interno como externo.



Por fortuna, en materia de buen gobierno corporativo el país está avanzando por la ruta correcta (página 89). Un estudio realizado dentro del proyecto de buen gobierno corporativo de Dinero y Confecámaras muestra que Colombia, si bien está atrasada en términos internacionales, tiene buenas bases para avanzar. Este tiene que ser un propósito colectivo. Cuando las condiciones generales del país vuelvan a ser atractivas para la inversión extranjera, las empresas colombianas tienen que estar listas para recibirla. Las buenas prácticas de gobierno corporativo darán una ventaja decisiva a las que se hayan preparado con anticipación para ese momento.
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