Modelos que se agotan

| 7/19/2001 12:00:00 AM

Modelos que se agotan

Reconocer que nuestro modelo cafetero, tan exitoso durante años, esté llegando a su fin es muy difícil para cualquier colombiano. Es como despertar un día y darse cuenta de que los cimientos se salieron del piso y la casa amaneció mirando para otro lado. El café lo llevamos dentro, es parte de nuestra cultura y nuestra historia, ha sido fuente de inspiración de artistas y escritores, alimenta las raíces de las familias. Ahora, forma parte de nuestro pasado.



Tenemos que aceptar que ya no somos cafeteros exitosos. Los flujos de inversión internacional en una economía globalizada, el cambio tecnológico y las transformaciones en los gustos o en los tostados nos han convertido en un país que ya no cumple los estándares de productividad. Ya no somos líderes, sino jugadores que van a la zaga aspirando a sobrevivir.



El mercado cafetero mundial sufrió una transformación radical en las relaciones comerciales, tanto entre países como entre empresas. Las alianzas y fusiones entre grandes tostadores cambiaron definitivamente la lógica de los negocios. Al romperse el pacto de cuotas en 1989, el poder que perdieron los productores lo ganó la industria torrefactora y lo multiplicó la concentración de empresas en ese sector. Colombia pasó de ser un jugador importante en la fijación de los precios del café, a un tomador de precios. La industria es ahora la que impone las condiciones.



La historia de cómo llegamos a esta situación (ver página 30) ofrece lecciones que van mucho más allá del ámbito cafetero. Es la historia de cómo Colombia se adapta con torpeza a las fuerzas de un proceso de globalización que avanza y no perdona errores. Las reglas cambian y no hay más alternativas que adaptarse a los tiempos o desaparecer.



Aquí hay dos grandes lecciones. La primera es para los empresarios. En una economía globalizada solo sobrevive quien es competitivo, y esto significa ser rentable en medio de una permanente presión hacia abajo en el precio. Sería fácil descargar la responsabilidad de lo que está ocurriendo sobre el gobierno, la Federación Nacional de Cafeteros, el imperialismo estadounidense y otros más. Por supuesto, a cada uno de ellos le cabe una cuota de culpa, pero la responsabilidad final sobre la supervivencia de una empresa la tiene el empresario. Nuestros caficultores permitieron que los cogiera el día sin haberse actualizado en temas básicos de gestión empresarial, pues se acostumbraron al modelo paternalista de la Federación y, contra toda evidencia, creyeron que podría durar. Colombia aún puede tener caficultura, pero será mucho más pequeña y estará compuesta únicamente por aquellos que logren superar el reto empresarial que se les presenta hoy.



La segunda lección es para el país entero. Para prever la catástrofe cafetera no había que tener acceso a información secreta. Las cartas estaban sobre la mesa y el escenario que estamos viviendo tenía una alta probabilidad de ocurrir. Preferimos cerrar los ojos. Esto nos ocurre en muchos otros casos. La crisis que está avanzando en Argentina (página 26) es un espejo en el cual deberíamos mirarnos los colombianos. Por un lado, los problemas fiscales de los dos países son extraordinariamente similares. Por otro, la inestabilidad que Argentina introduce en el panorama internacional tendrá consecuencias muy graves para Colombia, nos guste o no.



Las medidas que ha tomado el ministro Santos sobre prefinanciación de deuda son positivas, pero están lejos de ser un blindaje para el aparato económico del país. El escenario de crisis argentina es real, y más vale que vayamos pensando cómo lo vamos a enfrentar. La verdad es simple: en un mundo globalizado, no hay dónde esconderse, y menos cuando se es un país pequeño como Colombia.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.