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| 6/20/2012 6:00:00 PM

México en la cuerda floja

En dos semanas se sabrá quién será el próximo Presidente de México. Los retos que enfrentará el nuevo mandatario son descomunales.

por Editorial

El 1° de julio los mexicanos saldrán a votar por quien será su próximo Presidente. Las encuestas dan como ganador al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, con 43% de los votos. En segundo lugar aparece el líder de la alianza de izquierda, Manuel López Obrador, con 27% en las preferencias. Todo está servido en bandeja de plata para que el PRI regrese al Palacio Nacional tras 12 años de ausencia.

La prioridad es reemplazar el modelo económico, que está mandado a recoger. Mientras entre 1950 y 1980 la economía mexicana creció a un promedio de 6,6% anual, desde 1990 lo ha hecho apenas 2,6% al año. Para 2012 las cosas no pintan mucho mejor: según la Ocde, la economía crecerá 3,6% en el mejor de los casos. Y las proyecciones hablan de un aumento promedio de 3,8% anual para los próximos cuatro años.

¿Qué le ha pasado a México? Sus males están diagnosticados. En lo económico, el balance estructural de ingresos y gastos del sector público es uno de los grandes problemas. México tiene el sistema tributario menos eficaz de todos los países grandes y medianos de América Latina. El fisco recauda alrededor de 12% del PIB, un nivel demasiado bajo. Colombia, que no es ningún ejemplo en estos temas, recauda más de 16% de su PIB.

De otro lado, en los tiempos recientes la política macro ha sido innecesariamente ortodoxa y restrictiva. Así quedó claro en la crisis económica de 2008-2009, cuando el PIB cayó 6,3%. En lugar de iniciar una política fiscal anticíclica, el gobierno mexicano se apretó el cinturón e hizo votos de austeridad. Ningún otro país en el mundo cayó tanto como México ese año. Ni siquiera Estados Unidos, eje de la tormenta de Lehman Brothers y los problemas financieros mundiales.

Por lo demás, a pesar de los esfuerzos hacia la modernización, México no logra generar más oportunidades para su población. La economía sigue capturada por influyentes actores cazadores de rentas, que incluyen desde la petrolera Pemex y los monopolios de telecomunicaciones, hasta los sindicatos y las gobernaciones. México no ha logrado romper ese terrible círculo vicioso donde es indispensable pertenecer a alguno de los cerrados clubes tomadores de rentas para poder salir adelante.

La responsabilidad de este desempeño, dicho sea de paso, no tiene que ver con el Nafta, el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos que México firmó en 1992. Al contrario, los productos transables son hoy los que responden por mantener a flote la economía mexicana. Por ejemplo, cerca de 80% de los 2,6 millones de vehículos que produjo México el año pasado se dirigieron hacia los mercados externos. Su destino no fue únicamente Estados Unidos, sino que la industria vende hacia toda América Latina. Los sectores de bienes no transables, sin embargo, se mantienen rezagados.

Encima de todos sus problemas, México enfrenta el gran flagelo de la droga. En los últimos seis años han muerto 55.000 personas y 5.000 más han desaparecido. Desde el año 2006 han muerto en México 3.000 policías, el mismo número de soldados de la coalición que murieron en Afganistán durante los últimos 10 años, según el New York Times. De acuerdo con la oficina de narcóticos de las Naciones Unidas, el mercado de la droga en Estados Unidos vale al año unos US$60.000 millones. El Departamento de Justicia estima que los carteles mexicanos y colombianos se quedan con la mitad.

Las elecciones del 1° de julio serán vitales. El próximo presidente de México tiene la enorme responsabilidad de buscar salidas para limitar el poder de los grupos extractores de rentas, desarrollar la infraestructura, elevar el nivel del capital humano, poner coto al crecimiento de los carteles de la droga, entre los temas más urgentes. México debe repensar a fondo toda su estrategia de crecimiento.

Peña Nieto ha anunciado entre sus promesas de campaña que abrirá a Pemex a la inversión privada y reforzará los organismos del Estado encargados de mantener la libre competencia. Por allí estaría el camino hacia las soluciones. El mundo entero estará pendiente del cumplimiento de sus promesas, pues la suerte de la segunda economía más grande de América Latina depende de ello.

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