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| 6/12/2013 6:00:00 PM

Mejor malo conocido

Cuatro razones para no votar en la revocatoria del mandato del alcalde Gustavo Petro.

por Editorial

El Alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, atraviesa por uno de los momentos más difíciles de su mandato. No solo se le cayó el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) en el Concejo, sino que la revocatoria de su mandato avanza a buena marcha.

La Registraduría validó poco más de 357.000 firmas. Aún quedan faltando unas 290.000 firmas adicionales para llegar al 40% de la votación obtenida por Petro en octubre de 2011. Si se superan las trabas jurídicas que se podrían presentar, algunos analistas creen que se podría convocar la votación entre octubre y noviembre de este año.

Aunque todo esto parecería ser muy buena noticia para los opositores de Petro, en realidad no lo es tanto. De hecho, la revocatoria abriría una gama de escenarios favorables para él.

En un primer escenario, la revocatoria se realiza, pero fracasa en su objetivo de tumbar a Petro, pues no logra acumular los votos necesarios. Las encuestas aseguran que la mayoría está contra Petro, pero una cosa es registrar que a 60% de los bogotanos no le gusta la gestión del Alcalde y otra, muy diferente, que estén dispuestos a votar para derrocarlo.

Para que haya revocatoria tendrían que votar más de un millón doscientos mil bogotanos. Esa es una cifra muy alta y muy difícil de alcanzar. Para entender las proporciones del asunto, basta decir que solo existen 130.000 ricos en Bogotá. Más aún: si se suman los estratos 4, 5 y 6, la cifra llega apenas al millón de personas. Ni siquiera si todos los adultos de esos estratos salieran a votar en contra de Petro se lograría el umbral necesario para tumbarlo.

Si la votación para la revocatoria se lleva a cabo, pero fracasa, el escenario sería muy duro para los opositores de Petro, pues él saldría totalmente fortalecido. El resultado en las urnas le daría la fuerza para arriesgarse a hacer cosas más osadas de las hechas hasta ahora. Sin duda, buscaría expedir el POT por decreto para pasarse por la faja la decisión del Concejo capitalino. Una revocatoria fallida traería como consecuencia a un Petro más autoritario, más déspota y tirano.

Sin embargo, el segundo escenario tampoco es bueno. Supongamos que se hace la votación y, efectivamente, el Alcalde es revocado. Petro seguramente recibiría la noticia como un gran favor, pues lo mejor que le podría pasar es que no lo dejen terminar su mandato. Eso le permitiría asumir el papel de víctima de una gran conspiración de la élite bogotana, le daría gasolina a su discurso de lucha de clases y hasta podría abrirle el camino a la presidencia, como le pasó a Chávez en Venezuela.

Por lo demás, si la revocatoria tuviera éxito, resulta que tumbar a Petro podría tener un costo institucional más alto que dejarlo terminar su mandato. El vacío de poder podría ocasionar un caos incluso mayor que el actual y frenaría aún más la economía de Bogotá.

Si Petro fuera revocado, habría que convocar nuevamente a elecciones y empezar la carrera por la elección de su sucesor. Estaríamos arrancando una campaña para la Alcaldía de Bogotá en medio de un año de elecciones para Presidente y Congreso. Esto sería lo peor que les podría pasar a los bogotanos. La parálisis del sector privado –que pospone las decisiones de inversión ante escenarios de incertidumbre– sería prácticamente total. Cambiar Alcalde, Presidente y Congreso al mismo tiempo sería como hacernos el harakiri en materia económica. De hecho, estaríamos echándole más leña al fuego a una economía que ya camina regular, ante la incertidumbre de un proceso de paz.

Las cifras así lo corroboran: la inversión extranjera caía a mayo 9,5% respecto al mismo periodo del año pasado, según cifras de la balanza cambiaria. De eso, petróleo y minería caían 6% y otros sectores 20%. La inversión total –que venía creciendo a tasas de dos dígitos— lo hace tan solo a 6%. Parte de esa caída se explica por la desconfianza que genera la negociación con las Farc y por los interrogantes ante la reelección de Santos.

Por todo eso, lo mejor es no votar en la revocatoria del Alcalde y aguantarnos otros dos años de Petro. Eso es mejor que empujar a la ciudad hacia un limbo institucional y, además, brindarle a Petro un trampolín presidencial.
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