Más allá del deseo

| 8/3/2001 12:00:00 AM

Más allá del deseo

El gobierno acaba de reducir su meta de crecimiento económico para el año 2001, desde 3,8%, que era la meta impuesta por el presidente Pastrana, a 2,4%, una tasa más acorde con la realidad nacional e internacional. Las razones están a la vista: una menor exportación petrolera, la crisis cafetera, el impacto internacional de la situación de la economía argentina y, por supuesto, la violencia. El que se haya reducido la meta de crecimiento no es para nada extraordinario, pues lo mismo están haciendo todos los países en el mundo. Lo que sí es extraordinario es la importancia que, por primera vez, el gobierno les está dando a los efectos que pueden tener los factores externos sobre el desempeño interno. Es, sin duda, un gran contraste frente a lo que sucedió el año pasado, cuando gracias al aumento del precio del petróleo y la mayor demanda de exportaciones, la economía creció y el gobierno insistió en atribuir esto a su gestión.



Más allá del debate sobre la meta numérica, en el cual la estimación del gobierno podría ser optimista (ver página 24), la pregunta de fondo es cómo va a utilizar Pastrana el tiempo que le queda. Pueden ser 12 meses dedicados a una sucesión de medidas improvisadas para sortear chaparrones a cortísimo plazo. O podrían ser invertidos en avanzar hacia las reformas que se requieren para fortalecer la economía e inmunizarla contra los vaivenes de la economía mundial. El gobierno ha avanzado en las reformas, sobre todo en el último año. Al final, sin embargo, un logro parcial no va a ser suficiente (ver página 26). Si la tarea no culmina, el balance será negativo, así las intenciones hayan sido buenas.



Lo que falta es conocido y hará la diferencia entre una gestión fracasada y otra que podría ser sobresaliente. La agenda no solo está escrita en el acuerdo con el FMI, sino también en múltiples informes sobre la economía colombiana escritos por una gran diversidad de analistas. Hay que actuar sobre las finanzas públicas, el régimen laboral, la seguridad social y el régimen pensional, porque solo así podrá volver la confianza en el futuro de la economía. La creciente pérdida de confianza en Colombia no se debe solo a las múltiples plagas que nos aquejan, sino a las dudas sobre la capacidad de la dirigencia del país para enfrentarlas. Ahí está la esencia de la percepción de alto riesgo que tiene una inversión en Colombia, pues muy pocos proyectos podrían generar la rentabilidad que se requiere para compensar el costo de la inacción.



Sin confianza no hay inversión, tampoco consumo y mucho menos crecimiento. Esto es lo que ha pasado en el país en los últimos años: todos dejaron de invertir. El gobierno, porque el 85% del presupuesto nacional se va en gastos de funcionamiento y servicio de deuda. Las empresas, porque las tasas mínimas de retorno necesarias para compensar el riesgo son imposibles. Y los hogares no invierten y además bajan el consumo porque no saben en qué momento les va a llegar el flagelo del desempleo.



La tarea no puede quedarse a medias. Los colombianos necesitamos volver a creer en el país. Por esa razón elegimos a Andrés Pastrana como Presidente hace tres años. En lo que queda de su gobierno, Pastrana tiene que jugársela toda para volver a poner a Colombia en una senda de crecimiento de largo plazo. Al reconocer una reducción de un punto y medio del PIB en su meta para este año, más de $2,6 billones, el gobierno indica que entiende la importancia del entorno externo y acepta que no es suficiente el deseo, sino que también hay que asumir las realidades. El siguiente paso es enfocarse en las medidas indispensables. Esperemos que Pastrana esté a la altura de la exigencia.
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