| 3/6/2009 12:00:00 AM

Más allá del corto plazo

Aún si los datos de los próximos meses son muy malos, no hay que perder la calma ni tomar medidas populistas que podrían resultar costosas más adelante. El Gobierno tiene que actuar pensando en el largo plazo.

Con los datos de empleo, industria y comercio publicados recientemente por el Dane, el país empezó a darse cuenta de los estragos que la crisis financiera internacional está causando sobre la economía. Parecería que llegó el baldado de agua fría que acabó con la idea de que Colombia estaba blindada y que aquí no iba a pasar nada.

La cifra de desempleo, de 14,2% en enero, es la más alta para este mes desde 2004 y resulta preocupante, especialmente si se tiene en cuenta que apenas se están sintiendo los primeros efectos de la crisis. Son igualmente preocupantes la caída de la producción industrial, 10% en el último trimestre del año, y la de las ventas del comercio en diciembre, 3,4%.

Hasta ahora, los efectos de la crisis se habían visto en los mercados cambiarios (la TRM se ha devaluado 56% desde su nivel más bajo en junio de 2008) y en la Bolsa de Valores, porque en ambos mercados la información es inmediata. En los casos de la actividad económica real, el comercio exterior y los flujos de inversión extranjera y de remesas, en cambio, los datos se publican con dos y tres meses de rezago, limitando fuertemente la capacidad para la acción.

A juzgar por el deterioro de las condiciones internacionales desde octubre (Estados Unidos decreció 6,2% en el último trimestre de 2008 y los países de Europa del Este y Central están a punto de entrar en bancarrota), es muy posible que cuando se conozcan los datos del crecimiento del PIB del último trimestre de 2008 nos llevemos también un sorpresa desagradable. Qué tan malos puedan ser, nadie lo sabe. Pero sabemos que no serán alentadores.

Por muy malos que sean los resultados, tanto desde la perspectiva de los empresarios como del Gobierno, es vital no hacer locuras. El Gobierno, en particular, deberá resistir la tentación de tomar medidas que pueden ser populares en el corto plazo, pero que en el largo plazo podrían resultar muy costosas.

Al respecto, Eduardo Lora, gerente y economista jefe del Departamento de Investigación del BID, advierte en su columna en esta edición (pág.17) sobre la importancia que tiene, tanto para los empresarios como para los gobiernos, aceptar rápidamente que la crisis podría durar varios años. Quienes así lo hagan podrán mejorar las posibilidades de supervivencia.

De acuerdo con Lora, lo mejor que pueden hacer los gobiernos es concentrarse en identificar y remover los obstáculos para el crecimiento de largo plazo, en lugar de malgastar los recursos políticos y fiscales en paños de agua tibia.

Hasta el momento, el Gobierno se ha enfocado en mantener la confianza en el sistema financiero, mediante un monitoreo constante del mismo. El Banco de la República, por su parte, ha permitido que la tasa de cambio se devalué sin poner trabas. Ambas líneas de acción están muy bien y hay que mantenerlas.

Sin embargo, esto no es suficiente. Es necesario hacer las reformas estructurales que atraigan capitales a Colombia cuando se haya superado la crisis, algo que no se está haciendo. Tampoco se está trabajando en la estructuración de proyectos que resulten atractivos para los inversionistas en el futuro. El mundo va a ser otro y los capitales van a ir a los países que estén listos para recibirlos.

Colombia tiene un enorme potencial que no debe ser desperdiciado. Sin embargo, hay que trabajar para aprovecharlo. La crisis, paradójicamente, es una oportunidad para lograr las metas que el país busca. No hay que perder el norte.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?