| 7/16/1999 12:00:00 AM

Más allá de la coyuntura...

El día a día consume la imaginación de los colombianos. La ansiedad por las acciones de la guerrilla y los delincuentes, la elusiva recuperación de las ventas, la producción, el empleo y el ascenso del dólar domina todas las conversaciones y todas las reuniones. Los medios de comunicación explotan nuevas modalidades de mantener la atención de su audiencia: a la pornoviolencia le agregan ahora la pornomiseria. Como la pornografía, mirada descarnada, escandalosa y sin esperanza. Gana adeptos el cinismo donde nada parece posible y, quizá por ello, todo sea negociable.



¿Nada es posible? El World Competitiveness Report que presentamos en exclusiva es una buena provocación para comenzar a pensar en el largo plazo y discutir en serio nuestro futuro. Justo cuando el campeonato de la globalización se acelera, nuestra competitividad se debilita. Y no es sólo por un aparato estatal campeón por su tamaño, corrupción y falta de agilidad, una infraestructura pobre, una organización poderosa del crimen y una tasa de cambio desalineada, cosas que todo el mundo intuía. El informe revela que tenemos las mayores deficiencias del mundo en nuestros mercados laborales y financieros, en la absorción de la tecnología moderna y, lo que es más importante, en la microeconomía para la generación de nuevas empresas. En ningún país, dice el informe, es más difícil hoy en día hacer nuevos negocios que en Colombia. Por todo ello, en el último año perdimos siete escaños en el ranking de competitividad y hoy estamos entre las cinco economías menos competitivas del mundo. De seguir así, anticipa el informe más leído por la dirigencia internacional, la economía del país en los próximos ocho años podría crecer menos que la población.



Esa incómoda posición puede modificarse con nuevos diseños de microeconomía empresarial. En los últimos dos años, por ejemplo, países como Polonia, Vietnam, El Salvador, México y Perú subieron varios puestos, al generar círculos virtuosos de mayor comercio internacional, estímulo a la inversión y dinamismo social. Colombia necesita, sin duda, un verdadero marco de política para situar la lucha por la competitividad en el centro de las preocupaciones del gobierno con sus nuevos ministros, de los empresarios y de todos los colombianos. La cumbre del presidente Pastrana con 500 empresarios en Cartagena es un buen punto de partida para construir una nueva visión del país y realinderar sus prioridades, para darle a la economía un segundo aire y un verdadero comienzo al gobierno.



Una visión compartida de un país que se mueva decididamente y con optimismo en busca de futuro -no todos estaremos muertos- y un gobierno capaz de movilizar sus esfuerzos e iniciativas tiene que dominar la agenda de las nuevas negociaciones con la guerrilla. Sin competitividad no habrá economía, sin economía no habrá empleo y sin empleo no habrá paz social. Sin norte ni principios, una negociación indefinida generará más ansiedad, menos esperanza, menos inversión, producción e ingreso a todos los colombianos. También pornoguerrilla en los medios. Pero tampoco nos ayudará a salir de esta difícil coyuntura. Para no seguir destruyendo riqueza al brutal ritmo de los últimos meses, el país tiene que pellizcarse, salir de la desesperanza y mirar más allá de sus narices.
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