| 12/1/2005 12:00:00 AM

Los supuestos de la negociación

Durante los dos últimos años, el gobierno de Colombia ha vendido el TLC como su estrategia de desarrollo de largo plazo. ¿Cuál es el modelo entonces, si no se firma el TLC? Para Estados Unidos, Colombia es menos importante de lo que nos gusta creer.

Se cumplieron los plazos que había para negociar el TLC con Estados Unidos y llegamos al punto que todos sabíamos que llegaría. Los equipos negociadores están atrincherados en posiciones que implican distancias prácticamente insalvables en los dos temas más difíciles, agro y propiedad intelectual. El ministro de Agricultura de Colombia ha manifestado que ante la poca oferta de Estados Unidos en el tema agrícola, el Tratado no puede firmarse, ya que no se podría legitimar ni ante el Congreso ni ante el sector privado.

En el momento en que escribimos estas líneas, la situación está detenida en estos términos. Todos están a la espera de una decisión política que haga el milagro en la hora final y desempantane la negociación.

Sin conocer el resultado final, ni lo que pueda ocurrir antes de que en Estados Unidos comience el receso de Acción de Gracias, resulta importante volver sobre algunos supuestos básicos de la posición colombiana.

Colombia ha escogido condicionar la posibilidad de acceso al mercado de Estados Unidos a la protección de unos productos agrícolas en los cuales no tiene ninguna ventaja competitiva, pero para los cuales, de todas maneras, se han previsto plazos para su reconversión. Desde una perspectiva de largo plazo, esta idea no tiene cómo defenderse. La agricultura colombiana que podría ser exitosa en los mercados globales es la de las frutas, las hortalizas y los cultivos de montaña que pueden aprovechar la diversidad de pisos térmicos. La historia que nos hemos metido en la cabeza, respecto a que perder los cultivos tradicionales justifica sacrificar la negociación entera (un deal breaker, en la terminología de los negociadores), no tiene justificación.

Perdemos demasiado a cambio de muy poco al asumir esto como un punto de no retorno. Perdemos el acceso al mercado de Estados Unidos, un escenario cuyo verdadero costo no imaginamos, porque hasta ahora hemos tenido las preferencias ATPDEA. Perdemos competitividad frente a otros países que están firmando acuerdos con Estados Unidos, como exportadores, y como foco de atracción para la inversión extranjera.

Perdemos los años que va a costar volver a entrar en la lista de candidatos a una negociación de un TLC con ese país.

Algunos podrán pensar que la dinámica actual del mercado externo es suficiente para garantizar las divisas que el país necesita y, por tanto, no hace falta un TLC. Grave error. El comportamiento reciente de las exportaciones es atípico y se debe al aumento de precios de los commodities. Es la parte alta de un ciclo y no va a durar para siempre.

Pero incluso en esta bonanza, Colombia queda mal librada al compararla con los países con los que compite en el mercado internacional. Mientras que las exportaciones per cápita de Colombia en 2004 fueron de US$369, las de Costa Rica llegaron a US$1.169 y las de Chile a US$1.320. Si de veras creemos que es importante luchar contra la pobreza, deberíamos preocuparnos un poco más por entender quién es el responsable de que Colombia esté desperdiciando oportunidades de aumentar su ingreso per cápita, mientras otros países que tienen menos recursos, menos población y menos ventajas naturales sí lo están logrando.

Por otra parte, no se puede dejar de apreciar la falta de interés que ha demostrado Estados Unidos en vender esta negociación dentro de Colombia. No vemos a funcionarios de Estados Unidos buscando revigorizar el apoyo entre los empresarios colombianos, ni vemos a empresas que tienen intereses en Colombia buscando renovar la energía para salvar lo que se puede perder en esta fase final. Es algo muy diferente a lo que ocurrió cuando se iba a firmar el Nafta con México, pues los intereses de Estados Unidos dieron la batalla hasta el último minuto. La conclusión aquí es que Colombia importa muy poco en el mapa estratégico de Estados Unidos. La idea de que somos el principal aliado en América Latina no parece tener importancia. Tanto peor para nosotros.
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