| 2/11/1998 12:00:00 AM

Los grupos y las políticas

Es tiempo de buscar una política sostenible hacia la modernización de los grupos.

Se ha vuelto lugar común decir que la economía y la política han sido tomadas por los grupos económicos, los cuales por haber crecido enormemente hoy lo dominarían todo.



Con esta sobreexposición a los medios, en una sociedad polarizada, los grupos han terminado por ser percibidos como amenazas.



Es tiempo de buscar un punto de vista alternativo. El tamaño de los magnates ha sido ciertamente exagerado. El 1% de la riqueza de país con que cuentan Santo Domingo, Sarmiento y Ardila no es diferente en los países de similares condiciones de desarrollo. Y el crecimiento de sus ingresos brutos en los últimos cuatro años, paradójicamente, no es superior al del ingreso nacional.



Más interesante aún, la configuración de sus grupos da inequívocas señas de cambio organizacional. Los viejos conglomerados diversificados en muchas empresas y muchos sectores hoy son, como en el resto del mundo, dinosaurios en vías de extinción. Los modelos de interacción asiática (Kereitsu japoneses y Chaebols coreanos), con sus relaciones perversas entre empresarios, burócratas y políticos, terminan por debilitar a unos y a otros y generan inestabilidad en la economía.



Es cierto que algunos grupos no han dejado aún la tentación de la política y el deseo de crear ventajas de negocios en los escritorios de los burócratas. Pero es innegable que pasan un remezón sin precedentes, volcando su acción hacia pocos negocios estratégicos con verdaderas ventajas competitivas. "Core competences" y "Focus" se han convertido en el nuevo mantra. Antes que dormitar disfrutando las rentas, los grupos están contribuyendo positivamente a la reestructuración económica que el país necesita para incorporarse al mundo globalizado.



Más que amenazas, el remezón de los grupos trae oportunidades para el mejoramiento institucional. La búsqueda de competitividad requiere mayor tamaño. Con sus operaciones regionales, los procesos de integración se profundizan. En mercados ampliados la consolidación empresarial es inevitable.



El país debe perderle miedo a lo grande. Negocios grandes, con gran transparencia en sus operaciones y control efectivo del abuso de las posiciones dominantes, son necesarios para el desarrollo. Para ello se debe crear un sistema más moderno de normas de promoción de la competencia. Además, los negocios de gran tamaño requerirán un gran esfuerzo de capitalización. Un tratamiento tributario adecuado para las ganancias retenidas es útil para superar los límites de nuestro ahorro.



Y hay un espacio adicional. Los grupos se abrirán a los inversionistas externos para atraer nuevos recursos y evitar seguir mordiéndose la cola. ¡Qué oportunidad para combinar el desarrollo del mercado de capitales con nuevas formas de democratización de la propiedad por el mercado!



Con estas acciones podría comenzar una política positiva sostenible hacia la modernización de los grupos. Debemos superar la cacaomanía y cacaofobia que se han hecho políticamente correctas en el país.
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