| 9/12/2008 12:00:00 AM

Los años por venir

Los avances en los últimos 15 años nos permiten ser optimistas frente a los siguientes 15. Los diagnósticos son claros y existen las fórmulas para lograr las metas. Sin embargo, hay que actuar con cautela en el corto plazo y decisión política a largo plazo.

Al examinar la situación de Colombia, con frecuencia dejamos de ver que, a pesar de los desaciertos y malos momentos, el país ha avanzado muchísimo. Definitivamente, este es hoy un país muy diferente al de hace 15 años. Falta mucho por hacer, es cierto, pero ese será siempre el estado de una nación que busca avanzar continuamente.

En el ejercicio que nos propusimos para esta edición especial, de revisar lo sucedido en materia de economía y negocios en los últimos 15 años, encontramos cosas maravillosas. Lo primero fue la coincidencia entre los dirigentes respecto a lo que se requiere para que Colombia crezca sostenidamente y sea mucho más igualitaria. El buen manejo macro y la inversión en infraestructura, educación y ciencia, tecnología e innovación están en la lista de temas prioritarios de los ex presidentes, del presidente Uribe y, esperamos, también de los presidentes que están por llegar.

Segundo, la muy positiva evolución de los indicadores críticos respecto al nivel de vida de la población. Mientras entre 2003 y 2008 las coberturas en salud y educación prácticamente se duplicaron y actualmente superan el 90%; el ingreso per cápita, medido en dólares, se dobló. La capacidad de consumo de los colombianos es hoy muy superior a la de comienzos de los años noventa.

Tercero, la calidad de las instituciones. Gracias a que tiene buenas instituciones, Colombia no solo es vista desde afuera con gran respeto, sino que ha podido superar las condiciones adversas y corregir los errores cometidos.

Son muchos los factores positivos en el balance, que nos permiten ser optimistas frente al futuro. El país tiene el diagnóstico claro, así como las fórmulas para alcanzar las metas. Ahora, tenemos que actuar.

La gran barrera hacia adelante, sin embargo, podría ser el cambio en las condiciones de la economía global. El panorama va a presentar dificultades que no tuvimos en los seis años anteriores, los cuales se caracterizaron por una notable expansión. Estamos entrando en una etapa más compleja, tanto por razones externas como internas, donde el crecimiento será menor y los desajustes fiscales y de cuenta corriente cobrarán cada vez mayor relevancia.

En el frente externo, la caída en los precios de los commodities, en particular el carbón y el petróleo, no son una buena noticia pues se reducirán los ingresos de exportación. Esto tendrá un fuerte impacto sobre el déficit de cuenta corriente, que ya bordea el 4% del PIB. Estos dos productos no solo son los principales rubros de exportación sino que, en conjunto, representan 85% de las exportaciones tradicionales y 50% de las totales.

En lo interno, el déficit fiscal se verá presionado por cuenta de los menores ingresos del Gobierno, causados a su vez por la caída de estos precios; los menores recaudos que vienen por el menor crecimiento, y por la devaluación que afecta el servicio de la deuda.

El escenario de la economía global indica que las épocas de vacas gordas pasaron y volveremos durante varios años a una situación de relativa debilidad, con mayores dificultades para generar ingresos externos y probablemente también para financiar el déficit externo.

Esto ocurre, precisamente, cuando enfrentamos la urgente necesidad de poner al país a tono con las exigencias del mundo globalizado. Colombia tiene que prepararse para ese eventual escenario y no esperar a hacer correcciones en el último momento, cuando sería demasiado tarde.

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EDICIÓN 531

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