| 7/24/2009 12:00:00 AM

Lo bueno de la crisis global

A raíz de la crisis surge un nuevo modelo para el mundo, según el cual los países en desarrollo serán líderes del crecimiento global. Si Colombia quiere aprovechar esta oportunidad, deberá fortalecer sus instituciones y acelerar la formación de capital humano y la construcción de infraestructura.

En la reciente Convención Bancaria en Cartagena, Raghuram Rajan, profesor de la Universidad de Chicago y ex economista jefe del FMI, se refirió a las múltiples oportunidades que se abren para los países en desarrollo como consecuencia de la crisis financiera internacional.

De acuerdo con el profesor Rajan, los hogares en los países desarrollados están tan endeudados que pasarán muchos años antes de que puedan recuperar los niveles de consumo del pasado. Cuando los gobiernos retiren los estímulos fiscales, los hogares serán incapaces de generar niveles elevados de crecimiento económico a través del consumo.

El turno será entonces para los países en desarrollo, que deberán basar su crecimiento, ya no en exportaciones, sino en los mercados internos y en el comercio intra- e interregional. Las regiones del mundo que saldrán relativamente bien de esta crisis, como América Latina y Asia, tendrán grandes posibilidades dentro de este modelo. Las oportunidades para las empresas en América Latina son enormes.

Para aprovecharlas, sin embargo, los empresarios deberán conocer mejor a los consumidores en sus propios mercados y en los países que hacen parte de estas regiones. Los gobiernos, por su parte, tendrán que permitir que llegue la inversión extranjera y que se revalúe el tipo de cambio, además de eliminar los obstáculos que limitan el consumo interno.

Según el profesor Rajan, el crecimiento basado en la demanda interna es más difícil de administrar y demanda el fortalecimiento de las instituciones internas. Igualmente, requiere que haya en el país los recursos humanos necesarios para aprovechar las oportunidades. Debido a que la capacitación de la gente con estándares de calidad toma años y muy posiblemente los países no cuentan con las instituciones adecuadas para lograrlo, ellos deberán, como lo ha hecho Chile, fomentar mediante becas el estudio de su mejor gente en las universidades de excelencia en el exterior.

Las afirmaciones de Rajan no deben ser tomadas a la ligera y deberían servir de punto de partida para visualizar el tipo de desarrollo que debemos adoptar hacia adelante. Colombia es un país de ingreso medio, con consumos per cápita muy inferiores, incluso, a los de países con un nivel de desarrollo similar. Si el crecimiento, como él afirma, va a ser hacia adentro y entre regiones similares, deberán tomarse las medidas necesarias para lograrlo.

En el mercado interno, habrá que construir la infraestructura que permita que los canales de comercio funcionen adecuadamente para que los productos lleguen a los consumidores a precios accesibles. Las empresas, a su vez, deberán encontrar la forma de llegar a sus consumidores mediante la innovación, con productos que superen barreras de acceso y precio y permitan incrementar los consumos.

En cuanto al comercio hacia las regiones en desarrollo, Colombia sabe negociar con los vecinos, pero no ha hecho el trabajo en el caso de los países de Asia, donde va a estar el mayor crecimiento del consumo. Esta es una enorme desventaja dentro del nuevo modelo de crecimiento que está surgiendo en el mundo. En ello hay que trabajar muchísimo y hay que empezar ya.

Muy positivo para lo que viene es el hecho de que -por fin- el Gobierno le metió el acelerador a la infraestructura y se ha comprometido a hacer un monitoreo permanente de su evolución.

La infraestructura es uno de los pilares de la política anticíclica del Gobierno y, aunque en el corto plazo es claro que no generará los empleos que se buscan por la lentitud del avance de las obras, a mediano y largo plazo le dará a la economía un impulso indispensable para ser más competitiva y poder crecer.

La discusión sobre infraestructura se centra hoy en el grado de ejecución de las obras y el impacto sobre el crecimiento en el corto plazo. Lo importante, sin embargo, más que si se ha ejecutado un 15% o un 20% de los proyectos, es que por fin se están construyendo las vías y que el Gobierno, a través de la Alta Consejería Presidencial para la Política Anticíclica, está comprometido con el tema. De hecho, para acelerar la ejecución hay reuniones semanales con el Invías, el Inco, los Sistemas de Transporte Masivo (STM), la Aerocivil, el Ministerio de Hacienda y Planeación Nacional, para medir los avances y revisar los problemas.

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