Libertad

| 5/26/2001 12:00:00 AM

Libertad

Con la celebración de los 150 años de la eliminación de la esclavitud como forma de trabajo, ¿no es hora de liberar la vida de todos los colombianos de las nuevas formas de esclavitud que hoy nos acobardan? El temor que domina impide la libre circulación de los cuerpos, las ideas, los bienes y los activos.

El colombiano medio está cada vez más asediado. Los delincuentes pueden ser los terroristas, las bandas de criminales, los corruptos o los oportunistas espontáneos. El resultado es similar: la interacción pública languidece. En las noches y en los días. Los actos dinamiteros de las últimas semanas llenan la copa. Las transacciones sociales, que enriquecen la vida, se hacen escasas y quedan dominadas por una desconfianza que produce menos democracia.



El avance empresarial se bloquea por la falta de libertades. La inseguridad de las calles encarece los costos de distribución. Transitar por las carreteras es hoy una hazaña, cada vez menos asegurable. La inseguridad de los juzgados multiplica los costos de operación. Apostarles a reglas de juego tan cambiantes es cada vez más suicida. La inseguridad de los bienes y de las normas multiplica los costos de transacción, la principal barrera al desarrollo económico. E impide que se manifieste el espíritu animal de los empresarios en nuevas inversiones, con nuevos empleos y oportunidades.



La organización económica y social está amenazada por la falta de libertades. Los ilegales han tejido una enorme tenaza. El bloqueo de la infraestructura: la energía, las carreteras y los puertos. El bloqueo de la inversión empresarial: los secuestros, las extorsiones y los chantajes. El bloqueo de la moderna organización política. La indefinida negociación solo hace más asfixiante la tenaza.



El llanto quejoso por la paz y por la equidad no puede olvidar la falta de libertad que nos abruma. Pocos hoy defienden este principio constitutivo de la sociedad, este valor fundacional de nuestro escudo nacional.



La lectura del más reciente libro de Amartya Sen, el más brillante economista social vivo, tiene hoy más beneficio que nunca. Después de una vida intelectual fecunda, bautizó su obra Desarrollo como libertad, argumentando que el desarrollo, más que el crecimiento del PIB, o del ingreso, o del avance tecnológico o de la modernización social, es sobre todo un proceso de expandir las libertades que la gente pueda disfrutar. La libertad no solo es el fin del desarrollo, sino uno de sus principales instrumentos, por el entrelazamiento de los distintos tipos de libertad: "las libertades políticas, en la forma de opinión libre y libres elecciones ayudan a promover la seguridad económica. Las oportunidades sociales, con facilidades de educación y salud, facilitan la participación económica. Las facilidades económicas, en tanto oportunidades de participación en el intercambio y la producción, ayudan a generar la abundancia personal tanto como los recursos públicos para las facilidades sociales. La libertad de participar en el intercambio económico tiene el papel básico en la vida social".



En su acercamiento a los ilegales, el país ha terminado por creer que la libertad puede ser sacrificada. Con temor y terror nos alejamos de la libertad y, por tanto, del progreso. La impaciencia y el dolor conducen a muchos por caminos autoritarios. Ningún error más craso. Más que menos necesitamos más libertades, muchas más libertades para expandir el desarrollo económico y social. Más libertad de mercado, de verdad y, también, mucha más libertad personal y social. Para ricos y pobres, a derecha e izquierda. Necesitamos liberación para la libertad. La libertad de moldear nuestro futuro...
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