| 4/25/2012 6:00:00 PM

'Le Misérable'

Todo está servido para que Nicolás Sarkozy se vaya de la presidencia de Francia y llegue a ser uno de los peores presidentes en la historia reciente del país galo.

El próximo 6 de mayo Francia elige, en segunda vuelta, al que será su mandatario por los próximos cinco años. Todo indica que el Elíseo tendrá un nuevo huésped: François Hollande. El candidato del Partido Socialista obtuvo 28% de los votos en la primera ronda, derrotando al actual presidente, Nicolás Sarkozy. Según la prensa mundial, la tendencia se va a consolidar y se espera que, por primera vez en tres lustros, la izquierda moderada llegue a la presidencia de la quinta economía del planeta.

No será difícil sacar del cargo a Sarkozy. Los problemas económicos, la crisis bancaria, el déficit fiscal, los recortes presupuestales y el creciente temor a una nueva descalificación de la deuda ensombrecen como nunca sus perspectivas de reelección. Según el Fondo Monetario Internacional, Francia crecerá apenas 0,5% este año y 1% el próximo. Aunque ese país no ha caído en desgracia en un grado comparable al de Grecia, la deuda del gobierno francés en relación al PIB ya está en 90% y el déficit fiscal es de 6,6% del PIB.

Si por el lado económico llueve, por el social no escampa. Hoy la tasa de desempleo en Francia está en 10%, golpeando principalmente a la población entre 18 y 30 años, que representa 30% del electorado. A eso se suman otros problemas sociales, entre los que se cuentan la creciente migración y las deplorables condiciones de la vivienda, uno de los puntos más sensibles para la población. De acuerdo con cifras de la fundación Abbe Pierre, 3,6 millones de personas no tienen un lugar donde vivir. De aquellos que sí tienen la suerte de tener un techo, unos 8 millones pagan sumas astronómicas por sus diminutas viviendas.

A ese descontento económico y social se suman los escándalos de corrupción del “primer círculo” de políticos y amigos que rodean a Sarkozy. La venta de armas y submarinos a Pakistán, la supuesta financiación ilegal para la campaña electoral de 2007 por la heredera de L’Oréal, Liliane Bettencourt, y las acusaciones de que algunos líderes africanos financiaron a los conservadores que precedieron a Sarkozy, son los principales escándalos que han salpicado al presidente francés.

Así, según casi todos los análisis, Hollande es el favorito para imponerse el próximo 6 de mayo. Para lograrlo, deberá competir con Sarkozy por el favor de los votantes de la extrema derecha y la extrema izquierda, cuyos candidatos tuvieron un tercio de la votación total en la primera vuelta. Si bien Marine LePen indicó que el 1º de mayo daría a conocer su posición sobre los candidatos que participan en la segunda vuelta, es muy probable que no llame a votar por ninguno de los dos. En cambio, el izquierdista Jean–Luc Mélenchon ya endosó abiertamente su voto a favor de Hollande.

Así las cosas, François Hollande se convertiría en el primer presidente francés de izquierda desde François Mitterrand, quien cumplió dos mandatos entre 1981 y 1995.

El desafío en estas dos últimas semanas será encender la pasión de los electores. Los votos de los partidos de extrema que no pasaron a segunda vuelta, más los indecisos, serán definitivos. Cada uno de los candidatos buscará sembrar el máximo de dudas sobre los méritos del otro. Hollande se dedicará a poner la lupa sobre los problemas económicos y sociales que deja Sarkozy, para lo cual tiene amplia munición, pues este último ya es ampliamente considerado como uno de los peores presidentes en la historia reciente de Francia. La pregunta ahora es cuál será la estrategia de Hollande para enfrentar la crisis económica y mantener el liderazgo de Francia dentro del concierto de las naciones de Europa. ¿Se acogerá a la ortodoxia, o buscará una solución más dramática para los problemas económicos de Francia? Sus decisiones definirán el destino histórico de su país en el Siglo XXI.

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