| 5/27/2009 12:00:00 AM

Las 5.000: sólidas, a pesar de la crisis

Los resultados financieros de las 5.000 empresas más grandes de Colombia en 2008 son bastante buenos, dado el contexto de la crisis internacional. No hay que cantar victoria todavía, el año 2009 será el momento de la verdad.

En términos generales, las empresas colombianas utilizaron esta década para consolidarse y crecer. Eso les permitió recibir la crisis internacional de 2008 en una posición relativamente sólida y contar con cierto margen de maniobra para acomodar sus efectos negativos. Este es el principal resultado del análisis de los estados financieros de las 5.000 mayores empresas de Colombia para el año 2008.

Sin embargo, será necesario esperar para ver la evolución de la situación internacional a lo largo de 2009, para que sepamos hasta qué punto nuestras empresas saldrán afectadas negativamente en el futuro a corto y mediano plazo. Resistieron bien los primeros efectos de la tormenta global, pero en 2009 el resultado dependerá de la profundidad de la desaceleración en nuestro país.

Entre tanto, tenemos un margen de maniobra para acomodarnos. Las empresas colombianas son hoy más grandes que hace diez años, tienen mayores niveles de capital, están menos endeudadas, tienen una mejor estructura financiera y son más productivas y flexibles. Muchas de las más grandes han adelantado agresivos planes de expansión internacional y se están consolidando como importantes actores regionales.

En 2008, el grupo de las 5.000 empresas obtuvo utilidades netas cercanas a los $42 billones, superiores en 31% nominal a las obtenidas en el año anterior. No obstante, el 43% de este total se originó en el sector petrolero y el 4% en el minero.

Las ventas totales de las 5.000 fueron de $430 billones, 12,3% por encima del año pasado. Sin incluir el sector de hidrocarburos, el total fue de $370 billones, con un crecimiento de 8,8% (1,1% en términos reales).

La rentabilidad sobre patrimonio se mantuvo alrededor del 7,5%, frente al -3,62% que alcanzó durante la crisis de 1999. El Ebitda, que mide los ingresos operacionales de caja, sigue creciendo y hoy equivale a más de siete veces los gastos financieros.

Los sectores más golpeados, como era de esperarse, fueron los relacionados con las cadenas productivas de bienes durables, como los automóviles y la vivienda. Las ventas de las ensambladoras, los concesionarios y las empresas de autopartes cayeron, ante la disminución en la demanda en el mercado doméstico y el cierre del mercado venezolano.

Entre tanto, sectores relacionados con la construcción, como vidrio, madera, hierro y acero, pinturas y barnices, entre otros, también tuvieron un muy fuerte bajonazo durante los últimos meses del año ante la caída en la demanda de vivienda.

Otros sectores que dependen fuertemente de la demanda general tuvieron un bajo crecimiento en ingresos, entre ellos bebidas y tabaco, medios, textil y confecciones, cuero y calzado, cosméticos y aseo y la industria de maquinaria y equipo.

La prueba de fuego para las empresas colombianas se dará este año, cuando se espera que la economía crezca 0% o menos. Es preciso que las empresas no bajen la guardia y que sus esfuerzos vayan más allá de los problemas del corto plazo, para que dediquen tiempo y recursos a pensar en lo que se requiere para construir futuro.

No hay que olvidar que los negocios del año 2030 hay que pensarlos hoy. La economía mundial y la colombiana van a volver a crecer. Las empresas que hayan invertido en su futuro tendrán las mayores posibilidades de triunfar en la nueva economía internacional que surgirá después de la crisis.

En esta construcción de futuro, le corresponde al Estado un papel importante en la provisión de la infraestructura. La crisis debería servir para que Colombia focalice sus energías y mejoremos la penosa calidad de nuestras vías, puertos, aeropuertos, telecomunicaciones y demás. A su vez, los empresarios tienen que trabajar al interior de sus empresas para ser más productivos en el uso del capital y el talento humano.

El peor error que pueden cometer las empresas en este momento sería reducir sus presupuestos de innovación. No pueden perder de vista la meta de innovar en productos, servicios, mercados y procesos. Si la suerte nos sigue acompañando y Colombia se salva de los peores efectos de la crisis internacional, tendremos que aprovechar la oportunidad para dar un verdadero salto hacia adelante, en términos de más infraestructura, innovación y competitividad.

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