| 6/8/2006 12:00:00 AM

Las 5.000 empresas

Las compañías colombianas tienen un largo camino por recorrer, si quieren competir exitosamente con las empresas del exterior. Así lo indica el análisis de las 5.000 empresas más grandes del país que se presenta en esta edición.

En el informe de las 5.000 empresas más grandes del país para este año, Dinero presenta los resultados de un análisis que realizó para esta revista la consultora estadounidense Stern Stewart & Co., el cual hace una contribución analítica muy importante para que los colombianos comprendamos qué tan preparadas están nuestras empresas para competir, tanto en el exterior como en un mercado interno abierto. El ejercicio compara las empresas colombianas con una muestra de compañías listadas en la Bolsa de Nueva York.

Los resultados son contundentes. Nuestras empresas son pequeñas frente a estándares internacionales, operan con bajos márgenes, innovan poco, asumen bajos riesgos y, por lo general, están subendeudadas (no están buscando recursos para crecer). Este diagnóstico es preocupante, si se tiene en cuenta que son estas mismas empresas las que van a tener que competir con empresas multinacionales desde el primer día que entre a operar el TLC.

Sin duda, entre las más grandes empresas colombianas hay un grupo que ha avanzado rápidamente en los años recientes en sus estrategias de internacionalización. Entre ellas se cuentan Corona, Cementos Argos, Carvajal, Nacional de Chocolates e ISA, por mencionar algunos ejemplos. Otras muchas, sin embargo, están rezagadas y parecen no haber entendido las implicaciones de la competencia.

Pero cuando se mira en términos generales la capacidad del aparato productivo colombiano para enfrentar esta nueva etapa, aparecen problemas grandes. No se ve claramente cómo logrará hacerlo, dada la extraordinaria concentración de la actividad en muy pocas empresas. De hecho, las 10 primeras empresas de la lista de Dinero venden más que las últimas 3.000. Las primeras 200 hacen el 51% de las ventas de las 5.000 empresas. El promedio de ventas de las 4.800 restantes es de $29.000 millones, una suma que no llega al nivel de los US$15 millones que, según estándares internacionales, son necesarios para que una empresa empiece a ser considerada como grande. En otras palabras, Colombia entra en el TLC con una base productiva en la cual el 96% de sus empresas es pyme. Vale la pena hacer un alto en el camino para pensar en esto.

Si nos limitamos a mirarnos a nosotros mismos, podríamos pensar que todo está divinamente. En comparación con nuestra propia trayectoria, los resultados de las 5.000 son excelentes, porque las ventas crecieron 12% en 2005 frente a 2004, con un margen operacional de 9,1% y un margen neto de 7,6%, al tiempo que las empresas siguieron con la reducción de las obligaciones financieras que iniciaron en 2003. Con estos datos, todo serían felicitaciones.

Pero tenemos que ver más allá y entender qué están haciendo las empresas de otros países, con quienes estamos compitiendo ya. Al hacerlo, los motivos de satisfacción se reducen y se ve claramente que este no es un momento para la complacencia. Es tiempo de asumir riesgos, diseñar estrategias para crecer y buscar recursos que permitan hacer realidad esas estrategias. Crecer no es una opción, sino prácticamente una obligación. En el escenario que viene, las empresas que no crezcan tienen una alta probabilidad de ser adquiridas o derrotadas en la competencia. Los tiempos son cortos y es mucho lo que tenemos que avanzar para recortar la distancia que nos separa de nuestros mejores competidores.

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