| 9/19/2003 12:00:00 AM

La urgencia del TLC

El fracaso de la reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Cancún afecta tanto a los países pobres como a los ricos. De acuerdo con el Banco Mundial, todos en conjunto dejarían de percibir entre US$290.000 millones y US$500.000 millones anuales por cuenta de los menores flujos de comercio. Esto significa que no se trata de un triunfo de los subdesarrollados. Representa, eso sí, un gran triunfo para los grupos antiglobalización que insisten en su posición de mantener los mercados aislados.

La Ronda Doha de la Organización Mundial del Comercio fue lanzada en noviembre de 2001, dos meses después de los atentados terroristas del 11 de septiembre, para profundizar la integración comercial en el planeta. Esto ayudaría a los países pobres a salir de la miseria. Está demostrado que la liberación comercial implicaría un beneficio mayor que toda la ayuda económica que estos países pudieran obtener.

Sin embargo, poco se ha avanzado para que los objetivos de la Ronda Doha se hagan realidad. Las fechas se han incumplido y los políticos tanto de los países ricos como de los pobres se han resistido a asumir compromisos en temas que van desde la liberación del comercio agrícola hasta la reducción de tarifas de los bienes industriales.

En el tema agrícola no parece haber posiciones conciliables y este se ha convertido en el principal obstáculo para avanzar. La Unión Europea, campeona de la protección agrícola, se niega a cumplir el compromiso de liberar este comercio. Por su parte, los estadounidenses mantienen una posición contradictoria. Por un lado, han presentando propuestas radicales para liberar el comercio tanto de bienes agrícolas como industriales; por otro, aprobaron el año pasado la Farm's Bill, mediante la cual aumentaron sustancialmente los subsidios al agro.

Aunque todo esto es cierto, la posición de los países pobres tampoco ha ayudado. Desde un comienzo han minimizado su responsabilidad en la Ronda y han asumido una actitud totalmente pasiva, pues consideran que los países más ricos están en la obligación de abrir sus mercados primero. Ellos piensan que ya pusieron bastante en el ejercicio de liberación que se realizó en las rondas de comercio anteriores.

Sin duda, los subsidios a los agricultores de los países ricos son un escándalo, distorsionan los precios en el mercado mundial y bloquean el acceso de los países pobres. Pero lo que ocurre con la protección agrícola en estos últimos países no es muy diferente.

Los pobres no dan subsidios, pues las restricciones fiscales no lo permiten; pero sí colocan unos aranceles exorbitantes, muy superiores a las que cobran los países ricos, que afectan seriamente a sus consumidores domésticos. De hecho, según un estudio reciente del Banco Mundial, si los países pobres eliminaran estas restricciones, el mayor beneficio recaería sobre el comercio entre ellos mismos.

El otro tema que es también muy controvertido es el de los aranceles de los bienes industriales. Mientras que los aranceles para productos industrializados son en general bajos en los países ricos, no lo son para el caso de textiles y calzado, precisamente los productos que más servirían a los pobres. De hecho, los países ricos aplican aranceles cuatro o cinco veces superiores a los productos procedentes de los países pobres que los que aplican para el comercio de bienes entre ricos. Pero, una vez más, el mayor beneficio para los pobres estaría en la reducción de aranceles para el comercio entre ellos. Es el caso del aumento en los flujos de comercio entre Colombia y Venezuela cuando se estableció el Arancel Externo Común.

La reunión de Cancún demostró que las negociaciones dentro del marco de la OMC no van para ningún lado. La posición radical de los países pobres, liderados por Brasil, de no avanzar si no se logra un acuerdo en el tema agrícola, lleva a esperar además una dilatación de las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) o en la posibilidad del llamado ALCA Light, que manejaría una agenda reducida.

Para Colombia, que vende más del 50% de sus exportaciones a Estados Unidos, el Tratado de Libre Comercio con ese país es definitivamente la única opción. En este tema no nos podemos dar el lujo de bajar la guardia.
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