La U y la Empresa

| 2/11/2000 12:00:00 AM

La U y la Empresa

En los 90 se graduaron decenas de miles de personas de una carrera de administración de empresas y casi 1.000 de un posgrado. ¿Cómo les fue a estos egresados? Los magísteres tienen un desempleo menor al 2% y unos ingresos medios de $3,6 millones, mayores a los de otras profesiones. Además, el 81% se declara satisfecho con lo aprendido y el 86% le recomendaría a un amigo emprender estudios de administración. ¿Es tan exitosa la educación de la administración de la última década? El desempleo de los egresados del pregrado es del 12%, mayor al de otros universitarios. Y el 30% de todos los egresados no justifica su inversión de dinero y tiempo en sus estudios. Al mirar con detalle el desempeño de las facultades, encontramos gran diversidad entre sus resultados y enormes vacíos en la formación de los estudiantes. (ver página 24). La diversidad de resultados de las universidades es notable, así como el contraste entre sus decanos, profesores y estudiantes. Y la opinión académica de los estamentos universitarios contrasta con la del mercado de los egresados en la valoración de los programas. Por ello, optamos por no realizar un ranking único de facultades, como se estila en otros países. La información resultante es fascinante para los aspirantes a ingresar a las universidades, para la comunidad académica y para los empresarios. Las facultades de administración revelan, en su gran mayoría, una pobre conexión con el mundo empresarial. El egresado promedio utiliza poca investigación y casos prácticos colombianos en sus clases, ha presenciado pocas visitas de empresarios a las universidades y aún menos visitas suyas a las empresas. El desconocimiento de los jefes de personal sobre las universidades es enorme. Las universidades no aprovechan a sus egresados para conectarse con las empresas y retroalimentar sus programas. Se forma gente para ser empleada en grandes empresas, y no para crear empresas. Con la excepción de las líderes, y a pesar de la evidente internacionalización de los negocios, las facultades de administración siguen preparando egresados para empresas locales de otra época de la economía. El examen sobre la formación de administradores sobrepasa las fronteras universitarias. Si las empresas absorben los egresados, pero las empresas que ellos dirigen fallan en su propio desempeño frente al mercado, ¿qué hacer? La U tiene que superar su aislamiento y comportarse cada vez más como empresas modernas de producción y difusión del conocimiento, como modernas empresas que impulsan la medición de sus resultados -la colaboración de muchas en la investigación es notable señal de avance- y compiten cada vez más con calidad académica útil para el éxito de las empresas, que toman las mejores prácticas del mundo. Hay que fundar una nueva alianza de la U con las empresas del país. La U no puede ser una productora de egresados que algún día se emplearán. Tiene que ser productora de conocimiento empresarial y soporte efectivo para el aparato productivo. Las empresas, a su vez, tienen que ver en las universidades el mejor aliado para su futuro. Más que el muro que encontramos entre la U y las empresas, el nuevo siglo requiere construir lazos muy estrechos entre ambas. Esta reflexión sobre las facultades de administración es relevante para otras áreas universitarias. ¿No será tiempo de que el país empresarial deje simplemente de no ver a las universidades, o de verlas como un problema público, y más bien las valore como la principal oportunidad que tiene para el desarrollo económico y social del nuevo siglo?
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