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| 5/2/2013 6:00:00 PM

La trampa

El creciente desempleo entre los jóvenes menores de 25 años se está convirtiendo en una de las mayores tragedias de la historia reciente del planeta. El daño a largo plazo es demoledor.

por Editorial

Algo muy grave está pasando con la economía mundial. No se entiende cómo puede haber más de 300 millones de jóvenes sin trabajo en todo el mundo, un número equivalente al de la población de Estados Unidos. De ellos, unos 75 millones buscan empleo, mientras 262 millones aparecen como económicamente inactivos, según el Banco Mundial y la Organización Internacional del Trabajo.

La desocupación no distingue raza, estatus, ni nivel de desarrollo. Los menores de 25 años no están encontrando trabajo aquí, ni en Europa, Estados Unidos, Medio Oriente, África ni el sudeste asiático. Los dos países donde el fenómeno es más grave son Egipto y España. En el primero, la tasa de desempleo juvenil está en 77% y supera 85% en el caso de los jóvenes con título universitario. En España, la tasa de desempleo juvenil es de 57 %, con 960.400 jóvenes sin trabajo, la cifra más alta en la historia de la madre patria.

Dos razones están empeorando el problema. Una, la crisis económica europea y la inestabilidad financiera global han disparado el desempleo juvenil en 30% desde 2007 en los países desarrollados. Dos, los países cuya población crece más rápido son también los que tienen las mayores distorsiones en sus mercados laborales, como India y Egipto. El resultado es un enorme desempleo que se extiende como epidemia por todos lados.

El problema tiene repercusiones a todo nivel. Millones de jóvenes furiosos y sin trabajo se están volcando a las calles para protestar por lo que consideran una enorme injusticia e inequidad. Violencia y crimen se apoderan no solo del Medio Oriente y el Norte del África, sino de las naciones más ricas y civilizadas del planeta como Italia, Portugal, Grecia y España.

Este no es un problema pasajero que se solucionaría si Europa lograra salir del estancadero y la economía global volviera a crecer. La raíz del problema del desempleo juvenil yace en la rigidez de los mercados laborales. Salarios mínimos altos, reglas de despido estrictas, impuestos onerosos al trabajo y una serie de industrias cartelizadas condenan a toda una generación al desempleo.

El daño es enorme. Los estudios demuestran que el impacto a largo plazo de una juventud sin trabajo es demoledor. No solo es un daño mortal a la autoestima, sino a la capacidad de generar valor a lo largo de la vida. Un estudio demostró que las personas que perdieron su trabajo durante la crisis de Indonesia en 1997, o salieron para siempre del mercado laboral, o volvieron solo en calidad de informales. Otra investigación hecha en Brasil y Argentina señala que los jóvenes vinculados a la fuerza laboral durante periodos de recesión tuvieron desempeños sistemáticamente bajos como adultos, según la revista The Economist.

Lo que resulta terriblemente irónico es que los empresarios se siguen quejando de que no hay gente con las aptitudes que buscan. 57% de los empleadores no encuentran trabajadores con las habilidades adecuadas, según un estudio de McKinsey hecho en nueve países (Estados Unidos, Brasil, Reino Unido, Alemania, India, México, Marruecos, Turquía y Arabia Saudita).

¿Qué pasa? ¿Por qué pueden perdurar tanto la falta de empleo como la falta de buenos empleados? Una respuesta a esa pregunta parece estar en la pobre calidad de la educación. Según The Economist, la tasa de desempleo entre las personas con educación secundaria es el doble de las que tienen título universitario, al menos en los países desarrollados.

La otra explicación está en la falta de comunicación entre universidad y sector privado. Son muy pocos los países que, como Alemania, diseñan sus programas educativos basados en las necesidades del empresariado. Un caso excepcional es Corea del Sur, que desde 2010 viene copiando el modelo alemán para la formación de operarios de máquinas y plomeros, con excelentes resultados.

Muchas compañías han tratado de cerrar esa brecha con programas de capacitación para sus empleados, pero los resultados no son los deseados. Según un estudio de la consultora Accenture, solo 21% de los trabajadores sienten que han aprendido nuevas competencias con los programas internos de capacitación. El restante 79% cree que no les han servido para nada.

¿Qué hacer entonces? ¿Cómo encontrarle salida a un problema que está arruinando a una generación completa de jóvenes en el mundo? ¿Cómo poner a producir a 300 millones de personas que no tienen idea de cómo generar valor? Hacen falta medidas integrales para resolver el drama del desempleo entre los menores de 25 años. No hay receta mágica, ni tampoco se podrá subsanar el problema de la noche a la mañana. Sin embargo, sí sería posible construir una solución a mediano plazo, actuando simultáneamente en tres frentes: crecimiento, reforma laboral y formación profesional.
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