| 5/11/2017 12:01:00 AM

La tragedia de Venezuela: Colombia debe cooperar

El Gobierno debe actuar frente a esta situación, que en sentido contrario se vivió durante varias décadas, cuando muchos colombianos encontraron en Venezuela el amparo a la violencia interna en Colombia.

La situación en Venezuela es dramática. La confrontación entre la oposición y el oficialismo, que se ha traducido en multitudinarias marchas de protesta en las últimas semanas y ha cobrado la vida de más de 30 personas, mantiene en vilo no solo al vecino país, sino a toda la región.

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Mientras opositores y gobierno enfocan sus diferencias en el ámbito político, la economía está a punto de un colapso general y el país se mueve en un complejo escenario: según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Producto Interno Bruto (PIB) cayó 18% el año pasado y el cálculo es que para 2017 se ubique en -7,6%; el vecino país tiene una deuda que alcanza 142% del PIB y la producción de petróleo viene cayendo: de 3,3 millones de barriles por día en 2009, pasó a 2 millones en la actualidad, con poca exploración y bajas inversiones en nuevos proyectos.

La inflación está desbordada: como no hay datos oficiales, los analistas la estiman en casi 800% durante 2016, pero para este año puede ser de 1.600%, que representa una permanente pérdida del poder adquisitivo de los venezolanos. Un estudio reciente advertía que para 94% de las personas encuestadas la mayor parte de su salario es invertido en la compra de alimentos y 20% come una vez al día; 42%, dos veces, y 36% tres veces.

El problema para el venezolano de a pie no es la crisis política. Un estudio de febrero pasado, elaborado por la firma Hercon, advierte que para 40% de los encuestados la principal preocupación es el grave desabastecimiento de alimentos y medicinas; seguido de la inseguridad y la delincuencia, con 26%, y el alto costo de vida, con 15%. Para apenas 2% de los encuestados, el problema es la crisis política.

El presidente Nicolás Maduro ha intensificado la represión, mientras que los hechos de violencia, el aumento de detenidos por razones políticas, la violación de derechos humanos y la restricción a la libertad de prensa siguen campeando.

En medio de un ambiente que sigue muy volátil y caldeado, Maduro anunció una Constituyente que la oposición rechazó inmediatamente, pues considera que solo es un mecanismo para asegurar las mayorías al gobierno, pues sus miembros serían escogidos en forma sectorizada, sin ninguna instancia de diálogo, lo que dejaría sin piso unas elecciones con votación universal, directa y secreta, como lo quiere 80% de la población.

El gobierno se mantiene con un apoyo popular de entre 20% y 30% –según algunos sondeos–. La oposición, por su parte, exhibe guarismos similares. Pero esta no es tan homogénea y se mueve entre los radicales y los moderados. De hecho, 40% no apoya ni al gobierno ni a la oposición; esta franja se conoce como los ‘ni-ni’. En este escenario han surgido nombres como el de Lorenzo Mendoza, dueño del Grupo Polar, como posible candidato presidencial, quien por su origen empresarial encarna los nuevos ideales de muchos venezolanos que quieren dejar atrás las rencillas políticas.

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Sin duda, como lo han mencionado distintos análisis, gran parte del soporte a Maduro y al modelo que representa está en el apoyo de las Fuerzas Armadas. Pero la tensión crece y, como lo advierte un analista desde Caracas, “aquí puede pasar cualquier cosa: estallido social, golpe militar, un autogolpe, elecciones negociadas. Las soluciones van, como un acordeón, de un extremo a otro”.

Colombia, en medio de esta compleja situación, se mantuvo al margen durante varios años de esta tensión, pero más recientemente el gobierno del presidente Santos ha manifestado su preocupación y ha participado en el grupo de países que ha pedido la intervención de la OEA en la solución del conflicto.

La frontera entre Colombia y Venezuela es una de las más dinámicas y calientes de la región. Son más de 2.200 kilómetros y cualquier cosa que pase allá se refleja acá.

Aunque el presidente Santos ha tomado distancia del gobierno Maduro, Colombia debe prepararse para atender los efectos de una salida a la situación interna en Venezuela, que ojalá sea democrática, institucional y con los menores traumatismos.

En el corto plazo, nuestro país está experimentando la llegada de vecinos venezolanos que no solo buscan refugio, sino también empleo y oportunidades. El Gobierno debe actuar frente a esta situación, que en sentido contrario se vivió durante varias décadas, cuando muchos colombianos encontraron en Venezuela el amparo a la violencia interna en Colombia.

Tampoco debe caer en la provocación. La dialéctica del gobierno del presidente Maduro es la de la confrontación con los que considera sus rivales ideológicos. Tras la condena que Colombia ha hecho a la represión en Venezuela, el antagonismo se agudiza.

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Aunque hoy las relaciones comerciales no son prósperas como las de finales de la década pasada y la distancia política ‘es cada día más grande’, en el mediano y largo plazo Colombia debe mostrarse como un país cooperante que, en medio de las dificultades, puede brindar soporte a la reconstrucción económica, empresarial y social de Venezuela. No solo se trata de una política de buen vecino, es la acción que nos debe animar para trabajar por un destino común de crecimiento y desarrollo.

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