| 2/5/2014 8:00:00 PM

¿Héroe o villano?

Ben Bernanke deja la Reserva Federal tras capotear la mayor crisis desde la Gran Depresión y evitar lo que habría sido un desastre histórico para la economía global. Sin embargo, desmontar la armazón que sirvió para sortear la crisis tendrá un precio muy alto.

El pasado lunes 3 de febrero, Ben Bernanke dejó la presidencia de la Reserva Federal de Estados Unidos. Durante los últimos ocho años, este académico republicano tuvo que capotear la crisis financiera más grave y compleja desde la Gran Depresión de los años 30. Esa fue una época que Bernanke estudió con gran detalle durante sus años en la academia, lo que le sirvió para evitar que Estados Unidos cayera en un episodio similar iniciando el Siglo XXI y arrastrara a la economía global en su camino.

Incluso el mayor experto en la Gran Depresión se vio a gatas para salvar a la economía estadounidense en la era post Lehman Brothers. Tras fracasar con las herramientas convencionales, Bernanke tuvo que improvisar y recurrir a medidas extraordinarias que ningún banco central había intentado antes. Con gran coraje e ingenio, llevó la política monetaria hasta un territorio desconocido: redujo la tasa de interés a un mínimo histórico cercano a cero, lanzó un programa de compra de bonos del Tesoro para inyectar dinero sin límites de cantidad ni de calendario y se convirtió en el prestamista del mundo entero, al asegurar el acceso a dólares al resto de bancos centrales. Un costoso experimento que elevó los activos de la Fed de US$800.000 millones a US$4 billones en apenas ocho años.

Las políticas de Bernanke lograron evitar la catástrofe. Sin embargo, también tuvieron, y tienen, un alto costo. La inyección de liquidez generó desequilibrios que ahora deberán corregirse. ¿Qué va a pasar cuando termine de desmontarse su programa de estímulos monetarios? ¿Qué va a ocurrir con los mercados emergentes, a donde llegaron los capitales globales que buscaban retornos más altos? La bonanza de los países emergentes entre 2009 y 2012 hoy parece más bien una burbuja, motivada por una fugaz e insostenible abundancia de capital.

Ya están encendidas las alarmas ante el bajo desempeño de los llamados Bric (Brasil, Rusia, India y China), así como de otros grupos de países en desarrollo como los Mint (México, Indonesia, Nigeria y Turquía) y los Civets (Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica). Estos curiosos nombres, que en su momento fueron sinónimo de dinamismo, ahora anuncian fragilidad e incertidumbre. La caída en las bolsas de valores y la devaluación de sus monedas es mal presagio de lo que vendrá más adelante (ver artículo Sálvese Quien Pueda).

Para la economía estadounidense, el experimento de Bernanke tampoco ha sido la panacea. Sin duda, hay cosas positivas como un incremento en el precio de la vivienda de 25% desde el mínimo en 2011, un repunte de la bolsa estadounidense de 170% desde el mínimo de marzo de 2009 y una disminución en la tasa de desempleo, que bajó de 10% a mediados de 2010 a 6,7% el pasado diciembre. Pero, por otro lado, hay serias dudas en cuanto al vigor de la economía estadounidense, que sigue creciendo a un anémico 2% a 3%.

Nada de esto será ya problema de Bernanke. La papa caliente pasa ahora a manos de su sucesora, la también académica Janeth Yellen, primera mujer en ser presidente de la Fed en sus 100 años de historia. Yellen tiene el dilema de cómo y cuándo empezar a subir las tasas de interés, sin lastimar la recuperación económica en ciernes. Su mayor desafío será desmontar los estímulos extraordinarios y garantizar el retorno de la Fed a una etapa de normalidad. Su tarea no será nada fácil.
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