| 3/19/2010 12:00:00 AM

La responsabilidad de los elegidos

El recién elegido Congreso presenta nuevas caras que llegan sin ataduras con la clase política y con muchas ganas de trabajar. Si logran sus objetivos, esta podría ser la semilla de la recuperación de una institución desprestigiada.

Son varios los colombianos que, sin ninguna participación anterior en política, postularon sus nombres para las elecciones de Congreso, hicieron sus campañas, expusieron sus propuestas y resultaron elegidos. Les anima la convicción de que hay que romper con las viejas costumbres políticas y trabajar por el bien de Colombia.

Se trata de profesionales provenientes del sector privado, esencialmente empresarios, quienes creen que pueden hacer la diferencia en la legislatura y aspiran a sacar adelante las reformas que necesita el país. El reto que se han impuesto es enorme. Si logran cumplir con sus objetivos y promesas, esta campaña podría marcar la semilla de regeneración de una institución cuyo prestigio está fuertemente deteriorado.

El Congreso al que llegan estos nuevos parlamentarios está compuesto por un conjunto heterogéneo de personas que tienen intereses, motivaciones y objetivos disímiles y actúan en representación de votantes con intereses dispares. Es un organismo atomizado en el que los intereses de unos con frecuencia no coinciden con los de otros, ni con los de la mayoría de los ciudadanos, ni con los del bienestar de largo plazo del país.

Las grandes reformas que necesita Colombia han sido bloqueadas en ese tire y afloje. Por ejemplo, una reforma tributaria estructural, justa, equitativa y equilibrada, que busque el bienestar general, siempre va a estar en contra de los intereses de grupos particulares y por ende de los parlamentarios que los representan.

Además, no podemos perder de vista que en el nuevo Congreso también hay caras que, aunque parezcan nuevas, son la personificación de viejos vicios y de intereses muy particulares. No hay que hacerse ilusiones ni ser ingenuos. En buena medida, este es el mismo Congreso de antes, vestido de oveja.

Así, el reto para las nuevas figuras que llegan sin compromisos ni ataduras es mover a la institución a trabajar por el país, más allá de los intereses puntuales. Estos parlamentarios novatos no solo deben tener capacidad y liderazgo para poner en la agenda y sacar adelante sus propias iniciativas, la razón principal por la cual fueron elegidos. También deberán conseguir el apoyo del resto de parlamentarios para las iniciativas del Ejecutivo que se dirijan a lograr el bienestar de largo plazo de los colombianos.

Los temas pendientes en materia legislativa son múltiples. Después de cuatro años de arduo trabajo para hacer de la reelección presidencial una realidad, fue poco lo que se avanzó en otros temas.

Hay un factor que será indudablemente positivo en este escenario. Independientemente de quién sea elegido Presidente, llegará a gobernar con ganas. Buscará aprovechar el espíritu de cambio que hoy reina en el país y pretenderá demostrar que tiene con qué dejar su propia huella en la historia de Colombia, tras ocho años de gobierno de Álvaro Uribe. Quienes quieren hacer bien su tarea en el Congreso encontrarán un entorno cargado de expectativa, con colombianos deseosos de ver acciones y resultados. Independientemente de la filiación política de cada uno, este será un momento precioso para tomar las decisiones que Colombia necesita en el largo plazo. El nuevo Congreso podría sorprendernos positivamente a todos, pues hay el espacio para trabajar y están ahí las competencias para hacerlo bien. Pronto sabremos si está a la altura del desafío.

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