| 2/20/2004 12:00:00 AM

La reelección en perspectiva

La reelección per se no es ni buena ni mala. Su éxito o fracaso depende del momento, pero -fundamentalmente- de la trayectoria democrática de los países. Esto es lo que hay que mirar en el caso de Colombia.

Entre más se profundiza en el tema de la reelección presidencial, es más claro que, incluso bajo el supuesto de que esta fuera la fórmula ganadora para sacar al país adelante, el hecho de que se impulse en este momento, cuando las cosas por fin parecen estar funcionando, tiene un alto costo. Distrae al gobierno y al Congreso y los saca de foco de los temas esenciales. En esto, la experiencia reciente con el Referendo es un buen punto de referencia y sirve para evaluar la pertinencia de insistir en esta iniciativa.

De otra parte, cuando se habla de reelecciones presidenciales, inmediatamente vienen a la memoria las reelecciones recientes en Latinoamérica: Fujimori en Perú, Menem en Argentina, Cardoso en Brasil y Chávez en Venezuela. Aunque cada una es única y muy diferente, en general, dejaron un mal sabor y pusieron a muchos a dudar sobre las virtudes de la reelección.

Pero ahí no puede quedar la discusión. Lo cierto es que en Latinoamérica el tema no es nada fácil. La región tiene una larga historia de continuismo en los mandatos de los presidentes, así como de abuso de poder, que generó, en una etapa posterior, un rechazo a la reelección. De hecho, en todos los casos mencionados fue necesario modificar la Constitución para permitir la reelección del mandatario de turno. Este también sería el caso en Colombia.

Podría haber otro argumento en contra de la reelección y es la increíble ventaja que tiene el candidato que está en el poder frente a su contendor. Fácilmente podría utilizarse el cargo para hacer política y tratar de inducir a la población a votar por el candidato ya conocido. Por esta razón y porque, además, la reelección resulta excluyente para los candidatos regionales, estos generalmente se oponen a ella.

Pero la reelección sí tiene ventajas y, de hecho, en muchos países funciona muy bien y ni siquiera se pone en duda. Si el presidente de turno lo está haciendo bien, no hay ningún motivo para no reelegirlo y permitir que de esta forma continúen sus políticas. Esto tiene aún más sentido en países como Colombia, donde no hay partidos políticos fuertes que garanticen a los electores la posibilidad de continuar con una misma política en caso de elegir a un candidato del mismo partido.

Además, contrario a otros países de la región, en Colombia existe una trayectoria democrática que, si bien no asegura el éxito de una eventual reelección, al menos garantiza que el proceso electoral se lleve a cabo dentro del proceso democrático. En ningún otro país de la región existe tanto respeto por las elecciones.

Ahora bien, si lo que verdaderamente se quiere es la reelección del presidente Uribe y por eso el tema se plantea en este momento, los colombianos debemos exigir al gobierno y, en particular, al Presidente, que siga gobernando como si no hubiera una reelección de por medio. Es decir, debe sacar adelante las reformas estructurales por impopulares que estas sean, dejar de comprometer recursos del gobierno central para fines regionales y, ante todo, respetar la institucionalidad. Solo así habrá un motivo para reelegir al Presidente.
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