| 8/1/2012 6:00:00 PM

La quiebra de España

España tiene el récord mundial de quiebras entre los países grandes del mundo. Esta vez, el precio a pagar sería el más alto de la historia.

El mundo entero está pendiente del rescate de España y muchos advierten que lo peor todavía está por llegar. El cheque de 100.000 millones de euros que le va a girar el Banco Central Europeo solo sirve para comprar tiempo. El hueco fiscal de España asciende a 990.000 millones de euros, equivalente a 90% del Producto Interno Bruto. Tan solo en activos tóxicos los bancos acumulan 200.000 millones de euros.

El rescate formulado hasta ahora es parcial y todavía no aparece una solución de fondo. No se sabe de dónde podría salir la plata para un rescate completo. Difícilmente vendría de las arcas del Banco Central Europeo, pues su colchón total de 500.000 millones de euros no podría ser asignado en su totalidad al salvamento de España.

La solución tampoco vendrá de un crecimiento económico. España estará en recesión hasta 2014, según cálculos del Fondo Monetario Internacional. Ni el reciente aumento del IVA, de 18% a 21%, ni el recorte a los subsidios para varios sectores de la población, ni el apretón del cinturón del gobierno Rajoy serán suficientes para enderezar el porvenir de la madre patria. El malestar social también va a empeorar. Hoy el desempleo ronda 25% y en los jóvenes supera 50%, el más alto de los últimos 36 años. Para el año 2013 los cálculos hablan de un desempleo generalizado de 30%.

El nobel de economía Paul Krugman dice que la única salida para España sería que el Banco Central Europeo le comprara su deuda soberana. Hoy, España está pagando unos intereses altísimos, con una prima de riesgo casi 600 puntos básicos por encima de la alemana, prácticamente lo mismo que paga Grecia. El riesgo de quiebra de España –que se puede medir a través de los Credit Default Swaps– está hoy en 37%. Es el séptimo país con mayor riesgo de impago en el mundo, solo superado por Grecia, Chipre, Argentina, Portugal, Venezuela y Ucrania.

Desafortunadamente, el Banco Central Europeo no se decide a comprar la deuda soberana de España. Si bien su presidente, Mario Draghi, dijo que haría todo lo necesario para “salvar el euro”, no ha sido capaz de tomar una decisión respecto a los bonos de la madre patria.

Otro componente de la salida a la crisis española, según Krugman, es que Europa tenga una inflación alta durante varios años. Sin embargo, nadie está considerando seriamente esa posibilidad. La profundidad de la crisis europea es tan honda que los estímulos monetarios no se traducirían en mayor demanda e inflación. Pasará mucho tiempo para que España salga del abismo y su economía vuelva a ser competitiva.

Esta no es, ni mucho menos, la primera vez que España cae en bancarrota. Durante el siglo XIX, España entró en quiebra en ocho ocasiones: 1809, 1820, 1831, 1834, 1851, 1867, 1872 y 1882. Durante la época del Imperio español de los Austrias, España entró en bancarrota seis veces: 1557, 1575, 1596, 1607, 1627 y 1647. Según Kenneth Rogoff, España tiene el récord mundial de bancarrotas en la historia de los países grandes.

La costumbre no se pierde. España se acerca a pasos agigantados a una de las mayores quiebras de su larga historia. A diferencia de hace siglo y medio, cuando ocurrió la última bancarrota soberana, hoy hay mucho más que perder. Antes el Estado no tenía un papel tan importante en la economía, ni era el primer terrateniente, ni acaparaba más de la mitad de la riqueza del país, ni la sensibilidad a los vaivenes de la economía internacional tenía una magnitud comparable.

Si no aparece una solución, vendría la quiebra con sus consecuencias. Los acreedores se quedarían sin cobrar y habría una desbandada de inversionistas, al tiempo que se frenaría en seco el flujo de capitales desde el extranjero. En Argentina, cuando se produjo el default de 2002, los capitales salieron despavoridos del país. El Estado debía casi US$200.000 millones, el equivalente a 79% del PIB, y disponía de solo US$10.000 millones en reservas en divisas. Para buena parte de los países de la región, como Colombia y Brasil, el costo de la deuda se disparó a niveles exorbitantes, de casi 12%.

La suspensión de pagos abriría nuevas heridas, con profundas consecuencias en el frente social. Seguiría un aumento aún mayor en la tasa de desempleo, una reducción brutal de los ingresos familiares y un derrumbe del sistema de protección social y de las pensiones, con un corolario de violencia y miseria aún mayores a lo que se ha visto hasta ahora.

El escenario de catástrofe es impensable, pero cada día estamos más cerca. Para los votantes de los países europeos que mantuvieron sus disciplinas de competitividad, salvar a España equivale a premiar al inconstante y al indisciplinado. Sin embargo, eso es lo que van a tener que hacer, pues es imposible que una debacle económica y social en España no se transmita al resto de Europa.

Entre tanto, reina la incertidumbre. La bomba de tiempo en Europa, el mediocre crecimiento de la economía de Estados Unidos y la creciente posibilidad de un aterrizaje duro en China se reflejarán en un deterioro de los precios de los hidrocarburos y metales el año entrante. Los crecientes riesgos en los mercados financieros y la debilidad en los mercados de productos básicos no plantean un buen panorama para Colombia en los meses que vienen.


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