| 8/8/2003 12:00:00 AM

La pesadilla fiscal

La incapacidad de los colombianos para resolver el problema fiscal lo ha convertido en una auténtica pesadilla. El país está reducido a la condición de prisionero de un desajuste entre los ingresos y los gastos del Estado que limita el potencial de crecimiento de la economía e impone gigantescos costos a la población, en términos de su calidad de vida en el largo plazo.

En los meses precedentes, el país llegó a creer que este tema, cuya presencia en los titulares de prensa fue permanente durante la última década, se solucionaría en el curso del gobierno de Alvaro Uribe. Infortunadamente, el manejo reciente del proyecto de Presupuesto General de la Nación para 2004 por parte del equipo económico nos lleva a pensar que el desequilibrio de las finanzas públicas nos acompañará por muchos años más.

El mensaje de tranquilidad que el Ministerio de Hacienda pretendió enviar en los últimos días cayó mal. Como por arte de magia, el hueco fiscal en 2004 pasó de 2,6% del PIB a 3,5%, luego subió a 3,7%, para terminar en el 0,9% que fue incluido en el proyecto de presupuesto. De igual manera, los anuncios del Ministro de Hacienda de adelantar para 2004 el cobro del IVA a todos los productos (previsto para 2005) y el aumento de las tarifas de algunos productos fueron luego rectificados. Al sentir del gobierno, estas medidas ya no eran necesarias ante la desaparición casi total del hueco fiscal.

¿Cómo ocurrió el milagro? Fácil. La gimnasia financiera entró a operar y los ingresos previstos para el año 2004 se expandieron para acomodar las mayores necesidades de gasto. Así, el Banco de la República tendría que encontrar la manera de girar mayores utilidades de las previstas al gobierno. La DIAN, por su parte, debería aumentar los recaudos mediante una mejor gestión y la presentación al Congreso de un proyecto de ley antievasión que incluiría la cárcel para los evasores. Por último, el faltante estimado en $600.000 millones se pospondría para los años siguientes. Todas estas son opciones de difícil aplicación, prácticamente imposibles dadas sus implicaciones.

Las utilidades del Banco de la República provienen esencialmente del rendimiento de las reservas internacionales y están sujetas a los vaivenes de los mercados internos y externos. En este contexto, un aumento de estas utilidades solo podría venir de un manejo más arriesgado de las mismas, lo cual es a todas luces inconveniente. No hay que olvidar que se trata del activo más valioso que tiene el país.

Que la DIAN aumente el recaudo mediante una mejor gestión es algo imposible de creer. Año tras año hemos visto que el mayor gasto que entra en el presupuesto por cuenta de esta ilusión termina siendo un mayor déficit, para el cual hay que buscar financiación.

La tercera alternativa es también una esperanza vacía, con el agravante de que el gobierno no parece darse cuenta de que está intentando engañarse a sí mismo. El Ministerio de Hacienda ha dicho que en octubre solicitará al FMI la autorización para acomodar un mayor déficit al previsto en 2004, de tal modo que este, en lugar de ser 2,1% del PIB, sería de 2,5%. Esta es una alternativa que no lleva a ninguna parte, pues el problema no es del Fondo sino del país. La evidencia nos ha mostrado una y otra vez que lo único que se logra al postergar la solución es empeorar las condiciones de los colombianos. Necesitamos una política responsable que rompa en forma definitiva con las malas prácticas fiscales que le han quitado a Colombia la posibilidad de ser una economía líder en el continente.
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